Washington, D.C. – El enfrentamiento público entre el presidente Donald Trump y el papa León XIV, primer pontífice nacido en Estados Unidos, ha escalado hasta convertirse en una potencial amenaza para la base electoral republicana y para las aspiraciones futuras de los principales líderes del partido.
El conflicto surgió tras las críticas del papa a la acción militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y a las políticas migratorias de Washington. León XIV expresó su preocupación por los conflictos internacionales y llamó a promover “la paz, el diálogo y las relaciones multilaterales”.
Trump respondió con dureza. Calificó al pontífice de “débil ante el crimen” y “terrible en política exterior”, lo acusó de alinearse con la izquierda y de comportarse más como un político que como líder religioso. Además, afirmó que sin su presencia en la Casa Blanca, León XIV no habría sido elegido papa.
“Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, declaró Trump, quien también sugirió que la elección del pontífice fue una maniobra para mejorar las relaciones con su administración.
Golpe a un electorado clave
Estados Unidos cuenta con más de 53 millones de católicos, que representan cerca del 20 % del electorado. En las elecciones de 2024, Trump obtuvo el apoyo del 55 % de los votantes católicos.
Sin embargo, analistas advierten que los ataques directos contra el papa podrían erosionar ese respaldo, especialmente entre católicos blancos y latinos, de cara a las elecciones intermedias.
“Los presidentes estadounidenses y los católicos han discrepado con los papas en el pasado. Pero esto es una falta de respeto. La falta de respeto es muy diferente a la discrepancia, y ahí radica el peligro para Trump”, señaló David Gibson, director del Centro de Religión y Cultura de la Universidad de Fordham.
Expertos como Andrew Chesnut, de la Universidad Commonwealth de Virginia, destacan que no existen precedentes recientes de ataques tan directos y públicos contra un papa en países occidentales de tradición cristiana. Chesnut observa un desgaste ya visible entre católicos blancos, no solo entre los de origen latino.
El comentario de Trump sobre haber influido en la elección papal generó mayor malestar, ya que muchos fieles consideran que el cónclave es guiado por el Espíritu Santo y no por cálculos políticos.
Una bomba de tiempo para los sucesores
El conflicto también pone en una posición delicada a varios miembros del gabinete de Trump, muchos de ellos católicos practicantes. Entre ellos destacan el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, ambos vistos como principales candidatos republicanos para 2028.Vance minimizó el incidente al afirmar en Fox News que Trump publicó la imagen de sí mismo como Jesucristo “a modo de broma” y sugirió que el Vaticano debería limitarse a “cuestiones de moralidad”. Rubio, por su parte, aún no se ha pronunciado.
Analistas consideran que Trump está dejando una “mina de efecto retardado” a sus posibles sucesores. Cualquier intento de distanciamiento podría ser interpretado como una traición a la base trumpista, mientras que el silencio o la defensa podrían costarles apoyos entre los católicos.
“Trump está actuando con muy poca visión de futuro, colocándoles una bomba de tiempo precisamente a ellos para cuando se lancen a la campaña electoral”, opinó Pável Koshkin, analista del Instituto de Estudios de Estados Unidos y Canadá de la Academia Rusa de Ciencias.
Por ahora, el papa León XIV ha reiterado que no busca entrar en una discusión personal con el presidente y que seguirá defendiendo el mensaje del Evangelio en favor de la paz, sin que este sea “malinterpretado como lo están haciendo algunas personas”.
El choque abre un nuevo frente de tensión en un año marcado por la polarización política en Estados Unidos y podría tener repercusiones de largo plazo en el equilibrio interno del Partido Republicano.
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