Ciudad de México.- Juan Domingo Beckmann Legorreta, uno de los principales accionistas de José Cuervo, amplió durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador el radio de sus intereses empresariales hacia un sector muy distinto al tequila: infraestructura portuaria y suministro de combustibles y lubricantes.
La incursión quedó plasmada en la constitución de JDBL y Compañía, S.A. de C.V., sociedad creada el 17 de julio de 2020, durante el gobierno de López Obrador, con una vigencia de 99 años. De acuerdo con documentos registrales revisados por El Universal, Beckmann aparece como accionista mayoritario con 99 mil 999 acciones, mientras Mauricio Garduño González Elizondo posee una acción.
El dato cobra especial relevancia ahora porque Beckmann y Garduño fueron identificados entre los empresarios que el pasado 24 de agosto participaron en una reunión privada con Andrés Manuel López Beltrán y su hermano Gonzalo, además del exjefe de la Ayudantía Presidencial, Daniel Asaf. El encuentro ocurrió en el restaurante Magazzino, en la colonia Condesa de la Ciudad de México, y habría durado alrededor de cinco horas.
No existe, sin embargo, información pública que permita afirmar que aquella reunión haya tenido como propósito tratar negocios de hidrocarburos. Tampoco existe evidencia pública de que JDBL y Compañía esté involucrada en alguna operación ilícita de combustibles. La importancia del encuentro está en la coincidencia de nombres, actividades empresariales y momento político.
El objeto social de JDBL y Compañía resulta particularmente amplio. Incluye inversiones directas o indirectas en proyectos de administración y gestión de puertos, construcción e infraestructura portuaria, además de actividades relacionadas con el suministro de combustibles y lubricantes dentro de instalaciones portuarias. En el sector marítimo, este último negocio es conocido como bunkering: el abastecimiento de combustible a embarcaciones.
Eso no significa que Beckmann haya comenzado a vender gasolina o diésel de manera automática. La constitución de una empresa y la amplitud de su objeto social no sustituyen los permisos que exige la legislación mexicana para importar, almacenar, transportar o comercializar petrolíferos. De hecho, la revisión citada por El Universal no encontró a JDBL y Compañía con permisos operativos para comercializar hidrocarburos, por lo que una eventual participación podría darse mediante inversiones o sociedades en proyectos de terceros.
La dimensión empresarial de la operación también merece atención. JDBL y Compañía no es una sociedad marginal dentro del patrimonio de Beckmann. Información corporativa de Becle, la empresa controladora de José Cuervo, identifica a JDBL y Compañía como propietaria de 51.06 por ciento del capital en circulación de Becle y señala a Juan Domingo Beckmann como quien ejerce el control de esa sociedad.
Así, el empresario que durante décadas construyó una de las grandes fortunas mexicanas alrededor del tequila aparece también con una estructura corporativa capaz de participar en negocios de infraestructura portuaria y combustibles, sectores estratégicos para el comercio exterior y particularmente sensibles durante el sexenio de López Obrador.
La coincidencia temporal es inevitable: JDBL y Compañía nació en julio de 2020, cuando el gobierno de la llamada Cuarta Transformación impulsaba una política de recuperación del control estatal sobre sectores estratégicos, al mismo tiempo que promovía inversiones privadas en infraestructura y puertos.
Ahora, seis años después, el nombre de Beckmann vuelve al escenario político por su reunión con los hijos del expresidente. Las imágenes difundidas de ese encuentro no tienen audio y no permiten conocer qué asuntos fueron tratados. Lo que sí está documentado es quiénes estuvieron presentes y que entre los empresarios se encontraba precisamente el accionista mayoritario de una sociedad cuyo objeto incluye inversiones portuarias y suministro de combustibles.
La coyuntura tampoco es menor. La reunión ocurrió mientras el gobierno federal enfrenta investigaciones sobre redes de contrabando de combustibles y el llamado huachicol fiscal. La FGR mantiene abiertas indagatorias relacionadas con operaciones de importación irregular de hidrocarburos, pero hasta ahora no hay información pública que coloque a JDBL y Compañía, Beckmann o Garduño como imputados en esas investigaciones.
Por eso, el dato periodístico no es afirmar una relación que no está probada, sino poner sobre la mesa una coincidencia que difícilmente pasa inadvertida: durante el gobierno de López Obrador, Juan Domingo Beckmann constituyó una empresa con facultades para invertir en infraestructura portuaria y participar en el suministro de combustibles; seis años después, el empresario apareció en una reunión privada con los hijos del expresidente y con un antiguo funcionario de Palacio Nacional.
Entre el tequila y los hidrocarburos hay un largo trecho empresarial. Y entre una sociedad constituida para invertir en ese sector y una operación efectiva de combustibles, también. Lo que ya está documentado es que Juan Domingo Beckmann decidió ampliar su tablero empresarial durante el sexenio de López Obrador. Lo que falta por conocer es cuánto avanzó realmente esa incursión, en qué proyectos participó y, sobre todo, qué se discutió aquella tarde de agosto en la mesa donde coincidieron los negocios y la política.


