Washington, D.C.– El Departamento de Guerra defendió con vehemencia la operación del 2 de septiembre, inaugurando la campaña «Lanza del Sur» contra el narcotráfico, que ha cobrado al menos 83 vidas en 20 ataques similares en el Caribe y el Pacífico oriental. La portavoz del Pentágono, Kingsley Wilson, enfatizó en rueda de prensa: «El secretario Pete Hegseth respalda al almirante Bradley al cien por cien. Tomó la decisión correcta, supervisada por los mejores abogados militares y civiles».
El incidente involucró una embarcación venezolana con 11 ocupantes, presuntamente ligada a carteles narcoterroristas. Un primer misil la destruyó, dejando dos hombres aferrados a los restos en aguas internacionales. Bradley, entonces jefe del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) y ahora al mando del Mando de Operaciones Especiales de EE.UU. (USSOCOM), ordenó el segundo golpe para «eliminar la amenaza por completo», argumentando que los sobrevivientes podían alertar a cómplices y recuperar la carga de drogas, incluyendo fentanilo destinado a EE.UU.
Hegseth, excombatiente y actual secretario de Guerra –título restablecido por orden ejecutiva de Trump en septiembre–, negó haber dado una directiva verbal para «matar a todos», como reportó The Washington Post citando fuentes anónimas. En X, lo llamó «héroe americano» y reiteró: «Nuestras operaciones son legales bajo la ley de conflictos armados». La Casa Blanca, vía Karoline Leavitt, confirmó que Hegseth autorizó a Bradley, pero no el tiro final, describiéndolo como «autodefensa para proteger intereses vitales».
Críticos bipartidistas, como senadores Mark Kelly (D-AZ) y Don Bacon (R-NE), exigen audiencias urgentes. «Si es cierto, viola el derecho humanitario internacional al atacar náufragos», alertó Kelly. Expertos citan el Manual de Ley de Guerra del Pentágono, que prohíbe ataques a heridos no hostiles. Venezuela, bajo Nicolás Maduro, denuncia «asesinatos selectivos» y vincula los golpes a un posible derrocamiento.
La campaña, con despliegue de portaaviones como el USS George H.W. Bush, busca desmantelar rutas de fentanilo, responsable de 100.000 muertes anuales en EE.UU. Bradley, egresado de la Academia Naval y veterano de SEALs con tours en Afganistán, defiende su trayectoria: «Actué dentro de mi autoridad para salvaguardar la patria».
Hegseth, en su libro The War on Warriors, ha criticado restricciones legales en combate, avivando debates sobre ética militar. Trump, con aprobación al 36%, distanció: «No habría querido un segundo ataque». Mientras, el Congreso presiona por videos completos. Esta controversia expone fricciones en la doctrina Trump 2.0: seguridad fronteriza versus normas globales.



