(Con información de The Spectator, 3 de febrero de 2025, bajo el título «Yes, there is a Mexican state-cartel alliance», por Joshua Treviño)
En el centro del escándalo que sacude las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos se encuentra Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México de 2018 a 2024. Aunque ya no ocupa el cargo, AMLO mantiene un control férreo sobre el partido gobernante MORENA a través de aliados y familiares. Conocido por su retórica antiestadounidense, AMLO ha sido vinculado durante dos décadas al Cártel de Sinaloa, una conexión que, según fuentes periodísticas y de inteligencia, implica pagos y protección mutua.
Esta relación no era un secreto en México. Durante su sexenio, AMLO defendió abiertamente al cártel frente a presiones estadounidenses y, en ocasiones, contra sus propias fuerzas de seguridad. Visitó más veces Badiraguato, bastión sinaloense, que Washington D.C. Rindió homenaje a la madre de Joaquín «El Chapo» Guzmán, ordenó la liberación de uno de sus hijos capturado y facilitó el regreso del general Salvador Cienfuegos, acusado de corrupción narco por EE.UU. Además, prohibió la cooperación con agencias estadounidenses como la DEA y amenazó con usar el Ejército mexicano para defender a los cárteles ante intervenciones extranjeras.
La alarma de AMLO surgió en 2023, cuando ProPublica y The New York Times revivieron investigaciones del Departamento de Justicia de EE.UU. sobre financiamiento del Cártel de Sinaloa a su campaña. Estas indagatorias, archivadas por la administración Obama para no confrontar a líderes izquierdistas latinoamericanos, revelaban un pacto: protección estatal a cambio de fondos y apoyo electoral coercitivo. AMLO respondió con amenazas a los medios y reporteros involucrados, temiendo no a la justicia mexicana —inexistente para él—, sino a la estadounidense.
Más allá de lo verificable, circulan relatos no confirmados pero creíbles en un país donde el periodismo sobre narco es letal. En 2022, una fuente cívica mexicana relató intervenciones del cártel en elecciones estatales, un rumor que refuerza la percepción de una alianza gobierno-narco. Sin embargo, los hechos públicos bastan para sustentar el caso: AMLO no es un outlier, sino emblemático de un sistema corrupto.
Figuras como Cienfuegos, apodado «El Padrino» en círculos narco; Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación que integró a líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación en Tabasco; y el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, quien pactó con el Cártel del Noreste, ilustran la penetración. Decenas de funcionarios de MORENA venden el patrimonio nacional a organizaciones ahora clasificadas como terroristas por EE.UU. desde enero de 2025.
El terror cruza fronteras. En México, cientos de miles han muerto en dos décadas por violencia narco. En EE.UU., el fentanilo, el tráfico humano y de drogas devasta comunidades. Peor aún, el régimen mexicano busca influir en política estadounidense: células de MORENA en ciudades como Nueva York y Laredo organizan protestas y campañas pro-AMLO; consulados protegen remesas, vitales para cárteles; y hay intentos de interferir en elecciones, fantaseando con movilizar a la diáspora mexicana como «quinta columna».
El traspaso de poder a Claudia Sheinbaum en octubre de 2024, una tecnócrata leal sin autonomía, perpetúa el aparato. La reacción oficial mexicana ante críticas de la Casa Blanca —que califica la alianza de «intolerable»— mezcla nacionalismo y pánico: intereses en riesgo ante la única justicia viable, la de EE.UU.La administración Trump merece reconocimiento por nombrar la verdad. Las políticas futuras dependen de Washington, pero la culpa recae en México. Reabrir investigaciones es imperativo para ambos pueblos.
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