Ciudad Juárez, Chihuahua.- En las calles polvorientas y los fraccionamientos residenciales de esta fronteriza urbe, una silenciosa invasión canina se ha convertido en grito de auxilio para miles de habitantes. Con estimaciones que superan los 700 mil perros en situación de abandono —casi el 80 por ciento de la población canina total—, la capital chihuahuense enfrenta una crisis olvidada que no solo devora recursos públicos, sino que siembra semillas de enfermedades zoonóticas y conductas violentas entre la juventud. El reciente fallecimiento de una menor por rickettsia, presuntamente ligada a garrapatas portadas por estos animales errantes, ha encendido las alarmas, mientras la Dirección de Atención y Bienestar Animal (DABA) corre contra el tiempo para rescatar, esterilizar y educar en medio de un mar de denuncias que ya rebasan las 3 mil 664 en lo que va del año.
La problemática, que arrastra raíces profundas en el abandono masivo durante épocas de crisis económica y migratoria, se agudiza en colonias marginadas como Riberas del Bravo, Anapra y el Suroriente, donde manadas de perros desnutridos y agresivos merodean contenedores de basura y parques infantiles, convirtiendo rutinas diarias en escenarios de tensión. En el fraccionamiento Misiones de Creel, por ejemplo, residentes han elevado la voz ante la proliferación de jaurías que atacan a transeúntes y mascotas domésticas, pese a operativos de rescate que apenas arañan la superficie del problema. «Es un riesgo constante para los niños que juegan en la calle», confiesa una vecina anónima, eco de un sondeo local que revela el pánico colectivo por mordeduras, rabia y vectores de infecciones como la mencionada rickettsia, cuya letalidad ha cobrado una vida infantil en días recientes y ha impulsado al alcalde Cruz Pérez Cuéllar a exigir informes urgentes a la Secretaría de Salud estatal.
Descuido criminal de DABA en su “protección”
Lejos de soluciones drásticas como las temidas «redadas» —que DABA ha descartado enfáticamente para priorizar el bienestar sobre la crueldad—, las autoridades apuestan por un enfoque humanitario que choca con la magnitud del desborde. Alma Arredondo, titular de la dependencia, ha liderado rescates impactantes, como el de una docena de perros y dos gatos hacinados en condiciones de desnutrición extrema a fines de septiembre, pero admite que el hacinamiento en albergues y la falta de adopciones frena el avance. Paralelamente, emerge una conexión alarmante entre el maltrato animal y brotes de violencia en menores: expertos de Bienestar Animal advierten que el abuso sistemático hacia estos canes —reportado en miles de casos anuales— fomenta patrones agresivos en la niñez, un ciclo vicioso que agrava la inseguridad en una ciudad ya marcada por el narco y la pobreza.
En respuesta, campañas de esterilización gratuita se erigen como faro de esperanza en esta tormenta peluda. La más reciente, programada para el fin de semana del 25 de octubre en el Centro Comunitario de la UACJ y la Secundaria Federal 12, atrajo a decenas de familias dispuestas a frenar la reproducción descontrolada que inyecta miles de cachorros al asfalto cada año. Iniciativas permanentes vía WhatsApp al 656-114-3394 permiten registrar mascotas para procedimientos sin costo, un llamado que resuena en el Día Mundial del Perro Callejero de julio, cuando DABA reiteró que «la esterilización salva vidas». Sin embargo, el alcalde y organizaciones civiles claman por más: presupuestos ampliados, alianzas con veterinarios privados y educación en escuelas para desmontar el estigma del perro como «plaga» y verlo como víctima de un sistema que desecha lo que no puede cuidar.
Mientras el sol se pone sobre el Río Bravo, iluminando siluetas de canes famélicos que cruzan avenidas atestadas, Ciudad Juárez se debate entre el miedo y la empatía. La alerta no es solo por mordidas o epidemias; es por un espejo roto que refleja el abandono humano en cuatro patas. Si no se actúa con urgencia colectiva, esta crisis callejera podría morder de vuelta, dejando cicatrices más profundas que las de cualquier colmillo.



