Nueva York, EE.UU.- El cineasta británico Christopher Nolan y su director de fotografía, Hoyte van Hoytema, han vuelto a desafiar los límites de la industria cinematográfica con el rodaje de La odisea, el primer largometraje comercial filmado en su totalidad utilizando las voluminosas cámaras IMAX. Para materializar esta proeza épica sin recurrir a la dependencia digital de las pantallas verdes, la producción tuvo que fusionar inventos tecnológicos de vanguardia desarrollados exclusivamente para la película con técnicas artesanales e ilusiones ópticas que datan de hace un siglo.
La decisión de utilizar el formato analógico de máxima resolución implicó retos de ingeniería mayúsculos debido al peso y al estruendo de los equipos. Van Hoytema reveló que las cámaras IMAX desnudas emiten un ruido similar al de un motor diésel, lo que tradicionalmente impedía su uso en escenas íntimas de diálogo. Para resolverlo, los ingenieros de la firma diseñaron una carcasa insonorizada del tamaño de una camioneta SUV que elevó el peso del equipo a 181 kilos. El traslado de esta maquinaria por desiertos y océanos requirió construir polipastos de cadena, usar helicópteros y emplear a maquinistas dedicados a hacer contrapeso humano al operador para evitar que la estructura volcara.
Además de las complicaciones físicas, la filmación en locaciones reales impuso un ritmo matemático en el set debido a que los cartuchos analógicos de IMAX solo permiten registrar tres minutos de película por toma. Gracias a la pericia del primer asistente de cámara, Keith Davis, el equipo logró reducir el tiempo de recarga a menos de dos minutos, un avance significativo frente a los 25 minutos que requería el proceso en los inicios del uso de este formato por parte de Nolan.
El compromiso con el realismo fotográfico también llevó al equipo a prescindir en gran medida de los efectos generados por computadora, recurriendo a trucos de la vieja escuela como el uso de pinturas, telones pintados, perspectivas falsas y filamentos de pesca con papel de aluminio para simular el destello del agua. A nivel técnico, Van Hoytema explicó que conservar los efectos dentro de la cámara evita la pérdida de calidad que ocurre inevitablemente al escanear los negativos analógicos originales y reducir su resolución para procesarlos en entornos digitales.
La innovación más destacada del rodaje fue la creación de un sistema de iluminación nocturna denominado piroedros. Incómodo con la luz de luna artificial que proveen las producciones tradicionales, el director de fotografía diseñó paneles LED a medida programados con algoritmos que replican el parpadeo de llamas reales. La producción instaló una fábrica para manufacturar en masa miles de estos paneles, logrando iluminar batallas masivas y bosques a kilómetros de distancia con un resplandor idéntico al del fuego, otorgando a los actores y a la cámara una atmósfera de inmersión total en el mundo clásico de la epopeya.



