Gestión pública o proselitismo
La denuncia presentada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Chihuahua contra el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar —afiliado a Morena—, por la presunta difusión de propaganda política a través de brigadas que promueven programas sociales y obras de infraestructura, pone de manifiesto un problema recurrente en la política mexicana: la frontera difusa entre la promoción legítima de la gestión gubernamental y los actos anticipados de campaña. Estas brigadas, que visitan domicilios con dispositivos electrónicos para consultar opiniones sobre hospitales y escuelas, podrían interpretarse como un mecanismo para recabar necesidades ciudadanas, pero también como una estrategia para posicionar la imagen del alcalde en un contexto preelectoral, especialmente cuando se vislumbran aspiraciones mayores rumbo a 2027.
Panorama dominado por Morena
El PRI, en declive nacional y estatal tras décadas de alternancia con el PAN en Chihuahua, utiliza esta denuncia como herramienta para cuestionar la equidad en la contienda y alertar sobre el riesgo de debilitamiento democrático ante el avance de Morena. Al enfatizar la necesidad de un «piso parejo» y advertir que sin sanciones la democracia «está en riesgo de desaparecer» frente al partido guinda, los priistas buscan no solo visibilizar presuntas irregularidades, sino también reposicionarse como defensores de la legalidad electoral. Esta acción refleja la tensión creciente en el estado, donde Morena consolida su dominio en municipios clave como Juárez y lidera preferencias para la gubernatura, mientras la oposición intenta contrarrestar con denuncias ante instancias como el Instituto Estatal Electoral.
Implicaciones para la democracia
En un escenario donde Morena mantiene una ventaja clara en intención de voto estatal y municipal —con figuras como Andrea Chávez o el propio Pérez Cuéllar como posibles contendientes en 2027—, casos como este resaltan la importancia de que las autoridades electorales actúen con imparcialidad y firmeza. Si las brigadas implican uso indebido de recursos públicos, podrían configurar promoción personalizada prohibida; de lo contrario, se trataría de labores rutinarias de gobierno. Lo cierto es que, sin resoluciones claras, se alimenta la percepción de ventaja estructural para el partido en el poder federal y local, erosionando la confianza en las instituciones y complicando el camino hacia contiendas verdaderamente equitativas en Chihuahua.
Estrategia de confrontación directa
La insistencia de la diputada federal Lilia Aguilar, dirigente estatal del Partido del Trabajo (PT), en retar a debate a Daniela Álvarez, líder del PAN en Chihuahua, sobre la reforma a la Ley de Aguas Nacionales, evidencia una táctica de confrontación frontal característica de la polarización política en México. A través de un video en redes sociales, Aguilar acusa a su contraparte de evasión, ignorancia legislativa e incluso de incitar a la violencia con desinformación, al afirmar que la ley no afecta a los agricultores y que combate el acaparamiento hídrico. Esta ofensiva, lanzada tras varios días de presencia en el estado, busca posicionar a Aguilar como una defensora activa del sector rural y aliada de la Cuarta Transformación, mientras expone supuestamente la debilidad argumental de la oposición.
Dinámica de debates fantasma
El intercambio entre ambas dirigentes forma parte de una serie de retos mutuos que han culminado en eventos unilaterales, sin asistencia de la parte contraria, lo que revela una preferencia por el espectáculo mediático sobre el diálogo real. Mientras el bloque oficialista (PT y Morena) defiende la reforma como un avance en el derecho humano al agua y el fin de prácticas mercantilistas, el PAN la critica por generar incertidumbre en concesiones y derechos de transmisión, alimentando protestas de productores que han bloqueado carreteras y fronteras. Estas acusaciones cruzadas de cobardía y mentiras subrayan cómo el tema del agua se ha convertido en un instrumento político en Chihuahua, amplificando la brecha entre oficialismo y oposición en un contexto de movilizaciones rurales.
Implicaciones en la fragmentación política
En un panorama más amplio, el pleito personal entre Aguilar y Álvarez ilustra la división de la política local ante reformas federales controvertidas aprobadas a finales de 2025, que han provocado protestas a nivel nacional. La ausencia de un debate genuino deja a los agricultores atrapados entre narrativas opuestas: la oposición aprovecha el descontento para desgastar al gobierno federal, mientras el oficialismo descalifica las críticas como manipulación interesada. Esta retórica agresiva arriesga agravar la desconfianza ciudadana en las instituciones, al priorizar el enfrentamiento partidista por encima de soluciones concretas a la severa crisis hídrica que impacta al norte del país. (José A. Hernández)

