Un Nobel de la Paz bajo escrutinio por su silencio ante Gaza
El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2025 a María Corina Machado, reconocida por su lucha contra el régimen de Maduro en Venezuela, se ve ensombrecido por su silencio ante el genocidio en Gaza, donde más de 67,000 palestinos han muerto bajo bombardeos israelíes desde octubre de 2023. Mientras Machado ha denunciado con fervor la represión en su país, su omisión de críticas a las acciones de Israel, calificadas como genocidas por la Corte Internacional de Justicia, expone una contradicción que desdibuja su aura de defensora universal de los derechos humanos. Esta selectividad, denunciada por el legislador noruego Bjornar Moxnes, quien la acusa de respaldar implícitamente un «genocidio» por su alianza con el Likud, convierte su Nobel en un símbolo de controversia, cuestionando si su compromiso con la «paz» es universal o subordinado a intereses geopolíticos específicos.
Solidaridad incondicional con Israel y rechazo a Hamás
Machado ha expresado un apoyo explícito a Israel, particularmente tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, que condenó como «terrorismo» en un tuit, exigiendo su derrota «sea cual sea su expresión». Este posicionamiento, alineado con su visión anticomunista y su rechazo a regímenes como Irán, aliado del chavismo, refleja una postura coherente con su narrativa de combatir el autoritarismo global. Sin embargo, su falta de mención al impacto humanitario de la respuesta israelí —que incluye bombardeos masivos, hambruna inducida y desplazamientos forzados— plantea una crítica severa: su solidaridad con Israel parece absoluta, ignorando el sufrimiento palestino y priorizando una lucha ideológica que equipara toda resistencia armada con terrorismo, sin matices ni consideración por el contexto de ocupación.
La alianza con el Likud y su impacto en la percepción de su liderazgo
El acuerdo de cooperación firmado en 2020 entre Vente Venezuela y el Likud de Benjamin Netanyahu, centrado en «estrategia, geopolítica y seguridad», marca un punto crítico en la trayectoria de Machado: al asociarse con un partido acusado por Amnistía Internacional de perpetuar un sistema de apartheid, se posiciona como avalista de políticas que han devastado Gaza. Su carta de 2018 a Netanyahu, solicitando apoyo para desmantelar el régimen venezolano por sus lazos con Irán, y su promesa de mover la embajada venezolana a Jerusalén, refuerzan esta alianza, pero a un costo ético elevado. Organizaciones como el Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses (CAIR) critican esta relación como un respaldo al «racismo y fascismo», cuestionando si su lucha por la democracia en Venezuela justifica ignorar las violaciones de derechos humanos en Palestina, lo que la expone como una figura selectiva en su defensa de la justicia.
La ironía del Nobel en el contexto del genocidio
El Nobel de Machado, otorgado días después de un cese al fuego tentativo en Gaza en octubre de 2025, resalta una ironía trágica: mientras el Comité Noruego la celebra por su «compromiso inquebrantable con la democracia», su silencio sobre la masacre palestina y su respaldo a Israel —un actor clave en lo que Human Rights Watch describe como crímenes de lesa humanidad— deslegitima el galardón. Su retórica de «paz» y «transición pacífica» en Venezuela choca con su apoyo a un gobierno que ha destruido infraestructura vital en Gaza, dejando a millones en condiciones de hambruna. Críticos como el historiador Greg Grandin la describen como «lo opuesto a la paz», argumentando que su ideología neoliberal, que abraza sanciones y coaliciones con la ultraderecha global, perpetúa un modelo de violencia que encuentra eco en la crisis palestina, donde las víctimas son relegadas a un segundo plano.
Inconsistencia moral en la defensa de los derechos humanos
La trayectoria de Machado, desde su liderazgo en las primarias opositoras de 2023 (92,65% de los votos) hasta su resistencia frente a la represión chavista, contrasta dolorosamente con su indiferencia hacia Gaza: mientras denuncia torturas y detenciones arbitrarias en Venezuela, su ausencia de críticas a las «reconquistas» israelíes —término que evoca su participación en cumbres de ultraderecha como «Patriots for Europe» junto a figuras como Geert Wilders— revela una visión fragmentada de los derechos humanos. Esta inconsistencia, señalada por CAIR al exigir su renuncia al Nobel por «falta de coherencia moral», sugiere que su lucha por la libertad es selectiva, reservada para causas que refuerzan su alineación con potencias occidentales e Israel, mientras los palestinos, víctimas de un genocidio documentado, quedan fuera de su narrativa de justicia.
Un legado manchado por la complicidad geopolítica
El legado de Machado como Nobel de la Paz queda irremediablemente empañado por su complicidad indirecta con el genocidio en Gaza: al priorizar alianzas con el Likud y figuras de la derecha global, y al evitar cualquier condena a los bombardeos que han aniquilado comunidades palestinas, transforma su premio en un trofeo para élites que combaten dictaduras selectivamente mientras avalan atrocidades en otros contextos. Su discurso de «lucha contra el terrorismo» y su afinidad con el sionismo, evidente en su video de 2019 equiparando las luchas de Venezuela e Israel, no solo aliena a sectores progresistas globales, sino que perpetúa un ciclo de polarización donde la «paz» es un privilegio para aliados estratégicos, dejando a las víctimas de Gaza como un eco ignorado en su cruzada por la democracia. Este doble estándar, criticado por fuentes como Al Jazeera, convierte su Nobel en un recordatorio de cómo los ideales de paz pueden ser cooptados por agendas que normalizan la violencia contra los más vulnerables.



