PEKÍN, China.- El presidente estadounidense Donald Trump concluyó su visita a China con resultados modestos que contrastan con las altas expectativas que él mismo había generado. La cumbre con Xi Jinping logró estabilizar las relaciones bilaterales y evitar una escalada de tensiones, pero no produjo los grandes acuerdos comerciales esperados.
El único anuncio relevante fue la compra china de 200 aviones Boeing, una cifra muy inferior a los 500 que Trump había mencionado previamente. La noticia provocó una caída del 4% en las acciones de Boeing en Wall Street.
Aunque se mencionaron posibles ventas de productos agrícolas, no se dieron detalles concretos ni avances significativos en otros temas, como la exportación de chips de Nvidia. Funcionarios de ambos países coincidieron en preservar la frágil tregua comercial alcanzada tras la guerra arancelaria del año pasado y en establecer mecanismos para gestionar disputas futuras.
En el plano geopolítico, los resultados fueron aún más limitados. China no cedió terreno en asuntos clave como Irán y Taiwán. Poco antes de la última reunión, el Ministerio de Exteriores chino criticó la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán y exigió un alto el fuego. Trump aseguró que Xi se comprometió a no enviar material militar a Teherán y a ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz, pero Pekín no lo confirmó públicamente.
Sobre Taiwán, Xi enfatizó que es “el asunto más importante” en la relación bilateral y advirtió que una mala gestión podría derivar en enfrentamientos o conflicto. La delegación estadounidense restó importancia a la advertencia y reafirmó que su política hacia la isla no ha cambiado.
Analistas consultados coinciden en que la cumbre sirvió principalmente para evitar que la rivalidad entre las dos superpotencias se descontrole, pero dejó intactas las profundas diferencias estructurales. Trump abandonó Pekín sin los “fantásticos acuerdos” que había prometido.