Davos, Suiza.- El presidente Donald Trump aterrizó en Davos este miércoles para el Foro Económico Mundial, pero su presencia evocó más temores que aplausos. Mientras Dean Acheson tituló sus memorias “Presente en la creación” para describir la construcción del orden posbélico, muchos en Europa se preguntan si están presenciando su destrucción.
Trump renovó su exigencia de adquirir Groenlandia, el territorio ártico autónomo de Dinamarca, argumentando necesidades de seguridad nacional frente a China y Rusia. En su discurso ante líderes globales y empresarios, insistió en “negociaciones inmediatas” para obtener “derecho, título y propiedad”, pero descartó explícitamente el uso de la fuerza militar: “No usaré fuerza, no tengo que usarla”. Sin embargo, advirtió que rechazar la petición tendría consecuencias recordadas, y sugirió que la OTAN debería facilitar la cesión.
La declaración llega tras semanas de tensiones: amenazas previas de aranceles a Europa si no cedía, críticas a líderes como el primer ministro británico por “estupidez” en temas como las islas Chagos, y menosprecios a Francia y la UE como “débil”. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha liderado protestas rechazando la anexión, afirmando que Groenlandia elige Dinamarca y no acepta ser “propiedad” estadounidense.
Esta postura ha sacudido la alianza transatlántica. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump promueve el apoyo a partidos de extrema derecha en Europa y critica la inmigración como amenaza a la “civilización occidental”, alejándose del multilateralismo pos-1945. Líderes como Emmanuel Macron condenaron un “mundo sin reglas” donde prevalece el más fuerte, mientras Christine Lagarde, del BCE, llamó a Europa a prepararse para mayor independencia con un “plan B”.
El populista outsider irrumpió en la élite global de Davos, alabando a EE.UU. como “la nación más atractiva” y reprendiendo al continente por su supuesta debilidad. Pero el resentimiento mutuo crece: Europa ve en Trump no un protector, sino un posible adversario. Aunque la diplomacia podría desescalar Groenlandia —quizá como táctica negociadora—, el daño a la confianza transatlántica parece profundo y duradero.
Nicholas Burns, exembajador ante la OTAN, lamentó esta “abdición” del rol global de EE.UU., pasando de Truman a un revival del expansionismo del siglo XIX. En un mundo de rivalidades crecientes, aliados tradicionales como Canadá diversifican alianzas hacia China, y bloques como Mercosur firman acuerdos con la UE.
Trump podría ser un episodio temporal, pero su reelección sugiere cambios estructurales en EE.UU. Europa, alertada, debe decidir si rearma sacrificando bienestar social. El viejo orden se resquebraja, y Davos 2026 podría marcar el inicio de un nuevo, más incierto.
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