Miami, Florida. — Casi dos décadas después de las celebraciones en Miami por la enfermedad de Fidel Castro en 2006, y tras las sucesivas esperanzas frustradas con su renuncia en 2008 y muerte en 2016, la comunidad exiliada cubana en el sur de Florida revive la expectativa de un colapso del gobierno comunista. Esta vez, el catalizador es la ofensiva energética del presidente Donald Trump, quien ha cortado drásticamente el acceso de la isla al petróleo, principal sostén de su economía.
Esta información se basa en una publicación del diario The New York Times, que detalla cómo desde enero de 2026, tras la captura militar estadounidense de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero, Washington bloqueó los envíos venezolanos —que cubrían hasta 35,000 barriles diarios a cambio de servicios médicos cubanos—. Trump firmó una orden ejecutiva el 29 de enero declarando emergencia nacional por “amenazas” cubanas y autorizando aranceles a cualquier país que suministre combustible a La Habana. México, principal proveedor alternativo reciente, redujo o suspendió envíos bajo presión. Analistas estiman que Cuba produce solo el 40% de su consumo diario; sin importaciones, el país podría paralizarse en semanas.
La crisis energética agrava una economía en caída libre: apagones prolongados (hasta 20 horas diarias en muchas zonas), escasez de alimentos y medicinas, y emigración masiva de millones de ciudadanos. El gobierno de Miguel Díaz-Canel anunció el 6 de febrero medidas de emergencia para racionar combustible, proteger servicios esenciales (agricultura, agua, educación) y acelerar energías renovables como solar y eólica. Díaz-Canel reconoció la gravedad, pero descartó negociaciones bajo “presión o chantaje”.
Trump ha declarado que “Cuba está en las últimas” y que EE.UU. dialoga con “las personas más importantes” de la isla para un acuerdo. Un alto funcionario del Departamento de Estado, bajo anonimato, afirmó que las conversaciones son técnicas (repatriaciones, vuelos), pero que Washington exige reformas profundas: apertura a empresas privadas y multipartidismo, similar a lo ocurrido en Venezuela post-Maduro. Exiliados como Marcell Felipe, del Museo de la Diáspora Cubana en Miami, aseguran que diplomáticos estadounidenses les confirmaron un plan para “liberar Cuba antes de fin de 2026”.
El gobierno cubano rechaza cualquier “claudicación”. El viceministro Carlos Fernández de Cossio negó diálogos sustantivos y comparó la injerencia estadounidense con hipotéticas demandas cubanas sobre migración en EE.UU. Expertos como Juan Triana (Universidad de La Habana) recuerdan que el régimen sobrevivió el “Período Especial” tras la caída soviética en los 90, sin benefactor externo. Sin embargo, historiadores como Ada Ferrer (Princeton) advierten: “Esta vez se siente diferente; no hay salvavidas a la vista”.Peter Kornbluh y Ricardo Zúniga, exnegociadores de la era Obama, coinciden en que podrían existir contactos secretos, aunque bajo coacción. La oposición interna permanece marginada o exiliada, lo que complica un relevo ordenado si el régimen colapsara.
Mientras La Habana resiste con mensajes contradictorios —ataques a diplomáticos estadounidenses y propuestas de cooperación en antiterrorismo—, la presión petrolera de Trump eleva la apuesta. Analistas divergen: unos ven posible implosión en meses; otros, mayor represión y sufrimiento popular sin cambio político. El desenlace, incierto, podría redefinir siete décadas de confrontación EE.UU.-Cuba.