Un 15 de enero, pero de 1919, era asesinada Rosa Luxemburgo en Berlín. Militante y teórica del marxismo alemán, polaca y judía, una de las mujeres revolucionarias más destacadas del siglo XX y cofundadora del Partido Comunista de Alemania (KPD). Junto a su compañero Karl Liebknecht, había encabezado la resistencia de los socialistas de izquierda contra la Primera Guerra Mundial y liderado la Liga Espartaquista durante la Revolución Alemana.
El brutal fin en el Hotel Eden
Tras el fracaso del Levantamiento Espartaquista (5-12 de enero de 1919), que buscaba profundizar la Revolución de Noviembre, Luxemburgo y Liebknecht fueron capturados la noche del 15 de enero por miembros de los Freikorps (milicia paramilitar de ultraderecha) en el Hotel Eden, cuartel de la Guardia de Caballería. El asesinato fue ordenado bajo la autorización tácita del gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert y Gustav Noske, que recurrieron a estos grupos para aplastar la revuelta obrera.
Rosa fue golpeada brutalmente con la culata de un fusil por el soldado Otto Runge, dejándola inconsciente. Luego, agonizante, fue subida a un automóvil donde recibió un disparo mortal en la cabeza. Su cuerpo, lastrado con piedras, fue arrojado al canal Landwehr. Karl Liebknecht sufrió un destino similar: ejecutado de varios disparos y abandonado como “cadáver desconocido” en el Tiergarten. El crimen se intentó encubrir como un “intento de fuga” o acción de una “turba enloquecida”, versión que perduró décadas hasta que, en 1962, el capitán Waldemar Pabst confesó su responsabilidad directa.
El zapato: símbolo de una bandera eterna
El escritor uruguayo Eduardo Galeano la recordó con maestría en su libro Los hijos de los días, en el texto titulado “El zapato”:
En 1919, la revolucionaria Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín. Los asesinos la rompieron a golpes de fusil y la arrojaron a las aguas de un canal. En el camino, ella perdió un zapato. Alguna mano recogió ese zapato, tirado en el barro. Rosa quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia. Cada día, alguna mano recoge esa bandera. Tirada en el barro, como el zapato.
Este fragmento poético captura la esencia de su legado: una lucha incansable por un socialismo democrático, antibélico y profundamente humanista. Su última proclama, escrita la noche anterior, resuena aún: “¡El orden reina en Berlín! ¡Estúpidos secuaces! Vuestro ‘orden’ está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror vuestro: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!”.
Un asesinato que marcó la historia
El crimen de Luxemburgo y Liebknecht no solo sofocó la esperanza revolucionaria en Alemania, sino que allanó el camino para el ascenso posterior del nazismo. Cada 15 de enero, claveles rojos se depositan en el Monumento a los Socialistas de Berlín, recordando que la bandera de Rosa —la de una justicia inseparable de la libertad verdadera— sigue siendo recogida del barro por nuevas manos, generación tras generación.
Hoy, más de un siglo después, su pensamiento sigue inspirando debates sobre democracia socialista, internacionalismo y la crítica al autoritarismo. Rosa Luxemburgo no murió del todo: su zapato, su palabra y su fuego siguen ardiendo. ( Por Rodrigo Borja, a partir de un texto en un muro ignoto).
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
Relacionado