Romita Iturbe, negocio con cuates
La trayectoria de Jorge Stephan Romita Iturbe ilustra un ascenso vertiginoso en el ecosistema de contratistas del gobierno mexicano durante la llamada Cuarta Transformación. Nacido en 1990 y de origen italiano, este empresario inició su relación con el sector público como un modesto proveedor de material de oficina para la Casa de Moneda al arranque del sexenio de Andrés Manuel López Obrador en 2018. Lo que comenzó como suministros básicos de papelería evolucionó hacia un portafolio diversificado que hoy suma contratos por alrededor de 4 mil 500 millones de pesos, según diversas publicaciones periodísticas y referencias a la plataforma Compras MX.
De la papelería a la seguridad nacional
Romita Iturbe ha diversificado su oferta de manera acelerada: desde cubrebocas y despensas durante la pandemia hasta equipos de reconocimiento submarino para las Aduanas, sistemas de control de acceso en penales federales, torniquetes para el Metro, ambulancias y filtros migratorios en aeropuertos. Esta expansión lo posicionó como un proveedor clave en áreas sensibles, especialmente aquellas bajo control de la Secretaría de Marina (Semar), que administra varios de los contratos más cuantiosos adjudicados a sus empresas, como DR México y VIP Ingeniería.
Datos biométricos lo más delicado y jugoso
Lo que genera mayor controversia es el contrato adjudicado por adjudicación directa —sin licitación pública— para el “Servicio Integral para la Identificación Biométrica”, firmado por José Antonio Peña Merino (“Pepe” Merino), titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones en el gobierno de Claudia Sheinbaum. Por un monto máximo de mil 200 millones de pesos, la empresa de Romita recolectará huellas digitales, iris y otros datos biométricos de la población. La justificación oficial para evitar concurso fue el riesgo a la seguridad nacional, una figura que críticos consideran opaca y propensa a favoritismos.
Redes de poder como catalizador del ascenso
Fuentes periodísticas, incluyendo la columna de Carlos Loret de Mola publicada en 18 de marzo en diversos medios, señalan que el primer escalón clave ocurrió en la oficina de Julio Scherer Ibarra, entonces consejero jurídico de López Obrador. Scherer habría canalizado al empresario hacia el gobierno de la Ciudad de México, donde conectó con figuras de máxima confianza de Sheinbaum como Luz Elena González y Carlos Ulloa. Simultáneamente, entró al radar de Alfonso Durazo, exsecretario de Seguridad federal.
El trampolín sonorense y la entrada a la Marina
El segundo impulso decisivo se dio al seguir a Durazo al gobierno de Sonora. En ese estado, Romita Iturbe se insertó en el círculo del almirante Rafael Ojeda Durán, secretario de Marina durante el sexenio de AMLO. Vínculos regionales —como la familia de Ojeda y allegados sonorenses— facilitaron contratos crecientes con la Semar. Esto lo convirtió en proveedor preferente de la Marina, le abrió el negocio de seguridad y lo posicionó como actor dominante en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, bajo control naval.
Costos personales y familiares del éxito contractual
Este crecimiento no estuvo exento de fracturas internas. El empresario rompió relaciones con su padre y su hermano, quienes formaban parte de la operación familiar de las empresas. Estas rupturas coinciden con la escalada de montos y diversificación de contratos, lo que sugiere tensiones por el control y la dirección estratégica en medio de un boom de negocios públicos.
Incumplimientos y señalamientos que ensombrecen el récord
Un reportaje de Nadia Sanders en Latinus reveló acusaciones de incumplimiento en plazos de entrega de equipos de seguridad para Aduanas, correspondientes a un contrato de 3 mil millones de pesos que debió cumplirse desde 2023. Estos retrasos cuestionan la capacidad operativa de las empresas de Romita y alimentan sospechas sobre si la confianza política compensa deficiencias técnicas o logísticas, un patrón recurrente en adjudicaciones directas de alto perfil.
Preguntas abiertas sobre transparencia y concentración de poder
La concentración de contratos multimillonarios en un solo actor joven, sin trayectoria previa en áreas de alta especialización como biometría o seguridad avanzada, invita a interrogantes sobre los criterios de selección en la 4T y su continuidad en el gobierno de Sheinbaum. La adjudicación directa para datos biométricos —uno de los activos más sensibles de la ciudadanía— resalta la tensión entre agilidad administrativa y riesgo de opacidad. Todos los caminos parecen llevar a Romita, pero el escrutinio público apenas comienza a recorrerlos.



