Ciudad Juárez, Chih.- Habitantes de Ciudad Juárez y El Paso reportan desde hace semanas irritación en ojos, nariz y garganta, tos persistente, dificultad para respirar y dolores de cabeza que atribuyen a un aire cargado de contaminantes que muchos describen como “veneno invisible”.
De acuerdo con reportes de marzo de 2026, la calidad del aire en la frontera Juárez-El Paso ha registrado episodios de muy mala a peligrosa, con concentraciones elevadas de partículas PM10 y PM2.5. En uno de los días más críticos de marzo, se alcanzaron 198 µg/m³ de PM10 en Juárez, nivel considerado alto y riesgoso. En otros eventos, la mezcla de polvo con contaminantes urbanos elevó las concentraciones a alrededor de 140 µg/m³, casi el doble de lo que se considera aire limpio según parámetros de salud.
Expertos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) explican que ambas ciudades comparten la misma cuenca atmosférica, por lo que “la calidad del aire no distingue fronteras”. El polvo del desierto de Chihuahua, levantado por vientos fuertes y tormentas de arena (calima), se combina con emisiones vehiculares intensas en los puentes internacionales —donde circulan diariamente decenas de miles de vehículos— y contribuciones de actividades urbanas e industriales.
Según el informe anual de IQAir, El Paso fue la ciudad más contaminada de Estados Unidos en 2025 entre las grandes urbes, principalmente por altas concentraciones de partículas finas PM2.5 derivadas de polvo desértico, tráfico pesado y eventos de tormentas de arena. Este problema se ha extendido a 2026, con múltiples días de mala visibilidad —que llegó a reducirse a cerca de 4 kilómetros— y alertas por calidad del aire dañina para grupos sensibles.
En Ciudad Juárez, las estaciones de monitoreo del Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire (SINAICA) y de la UACJ han detectado recurrentemente niveles de PM10 y PM2.5 que superan los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las partículas finas PM2.5 son especialmente preocupantes porque pueden penetrar profundamente en los pulmones y pasar al torrente sanguíneo, provocando no solo síntomas inmediatos como tos, ardor en ojos y garganta, fatiga y opresión en el pecho, sino que a largo plazo aumentan el riesgo de enfermedades respiratorias crónicas, cardiovasculares y otros problemas de salud.
Grupos vulnerables como niños, adultos mayores y personas con asma o enfermedades preexistentes son los más afectados. Residentes de colonias en ambos lados de la frontera reportan un aumento en molestias respiratorias durante los picos de contaminación.
Autoridades binacionales monitorean la situación a través de estaciones locales, pero habitantes exigen medidas más concretas: mayor control de emisiones vehiculares en los cruces fronterizos, pavimentación de calles para reducir polvo, regulación industrial y campañas de información pública.
Mientras tanto, muchas familias han optado por permanecer en casa con ventanas cerradas, usar cubrebocas N95 al salir y limitar actividades al aire libre, especialmente durante alertas. Organizaciones de salud y ambientales llaman a una cooperación bilateral urgente para atacar las fuentes comunes de contaminación que convierten el aire de esta región fronteriza en un riesgo cotidiano para sus habitantes.