René Mendoza: El combustible del ego
En política, entrar a una contienda con el ánimo de ganar no sólo es saludable, es un requisito de supervivencia. Nadie convoca a las masas ni convence a los financistas con un discurso de derrota. Sin embargo, existe una línea muy delgada entre el entusiasmo necesario y el delirio voluntarista. Para figuras que saltan de la iniciativa privada a la arena pública, como es el caso de René Mendoza, el ímpetu puede ser un motor poderoso, pero sin una brújula estadística, ese motor suele terminar estrellado contra el muro de la realidad electoral.
Votos no son «likes»
El gran pecado de los «aspirantes ciudadanos» es confundir el respeto en las cámaras empresariales con la intención de voto en las colonias periféricas. Una fotografía exacta del escenario en Juárez hoy muestra un ecosistema dominado por una marca, Morena, que ha logrado aceitar una maquinaria de movilización que no entiende de planes de negocios, sino de programas sociales y presencia territorial. Quien crea que un perfil técnico y una visión industrial bastan para revertir una ventaja de dos dígitos, está leyendo un libro de texto en una zona de guerra política.
La aduana del realismo
Para que no haya desilusionados, primero hay que jubilar a los ilusos. La política profesional es, ante todo, aritmética aplicada. Ignorar que el PAN en Juárez opera con un padrón esquelético frente a un oficialismo que presume cientos de miles de afiliados es caminar hacia el precipicio con una sonrisa. Una campaña que se alimenta sólo de la «buena voluntad» y de las críticas al bacheo ignora que, en la urna, el voto emocional y de identidad suele aplastar al voto de gestión o eficiencia administrativa que proponen los empresarios.
Escenarios de ficción
La importancia de un diagnóstico frío radica en evitar que la candidatura sea un simple ejercicio de vanidad o, peor aún, un sacrificio útil para las dirigencias partidistas que solo buscan mantener el registro. Si la apuesta de Mendoza Acosta no incluye una estrategia para romper el voto duro de Morena y capturar a los miles de juarenses que ni siquiera salen a votar, su afirmación de «ganarle al sistema» se queda en una declaración de prensa. El realismo no es pesimismo; es la única forma de diseñar una batalla que tenga, al menos, una oportunidad de éxito.
El despertar amargo
Al final del día, la política no perdona la falta de rigor. Los escenarios políticos no son estáticos, pero tampoco son milagrosos. Entrar al ruedo con el pecho fuera es valiente, pero hacerlo sin conocer el peso del toro es temerario. Si la oposición en Juárez no logra traducir sus aspiraciones en una estructura real que compita sección por sección, la noche de la elección no habrá sorpresas, sino una confirmación dolorosa: que el entusiasmo, por sí sólo, nunca ha sido suficiente para llenar las urnas.
El primer zarpazo de Claudia
La renuncia de Esthela Damián a la Consejería Jurídica no es una simple aspiración personal; es el banderazo de salida para la «operación limpieza» de los estados. Al enviar a una de sus colaboradoras más cercana a Guerrero, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha ejecutado su primer destape oficial de los 17 que marcarán el año. El mensaje es contundente: Palacio Nacional no va a heredar gobernadores ajenos, sino que enviará a sus propios cuadros para desmantelar los feudos que hoy operan como repúblicas independientes.
Jubilando al cacique
La misión de Damián es clara: confrontar la hegemonía de Félix Salgado Macedonio y su control sobre la estructura local. Este movimiento rompe la tregua con el «Toro» y marca el inicio de una purga sistémica de los caudillos del sexenio pasado. Al mover esta pieza, Sheinbaum demuestra que está dispuesta a sacrificar la estabilidad de su propio gabinete y de la dirigencia de Morena, con tal de asegurar que en 2027 los nuevos gobernadores le deban la lealtad sòlo a ella.
Territorio Sheinbaum
Este primer relevo establece la hoja de ruta para los 16 estados restantes: quien quiera gubernatura debe dejar el escritorio federal de inmediato. La estrategia de «sheinbaumizar» el mapa nacional ha comenzado por la aduana más difícil, Guerrero, enviando una señal de advertencia al resto de las tribus estatales. El destape de Damián no busca sólo ganar una elección, busca instaurar una nueva geografía política donde la disciplina hacia la Presidenta sea la única moneda de cambio para sobrevivir en la encuesta.
El espejismo del cajón azul
La reciente apertura de 20 cajones de estacionamiento para personas con discapacidad en el Centro Histórico no es política pública, es escenografía coordinada porRicardo Morales González, jefe del Departamento de Estacionómetros. El anuncio de la administración de Cruz Pérez Cuéllar intenta vender como un avance lo que, en la práctica, es un insulto a la inteligencia del ciudadano. De nada sirve un rectángulo de pintura fresca en el asfalto si, al descender del vehículo, el usuario se enfrenta a un entorno que parece diseñado para la exclusión y el accidente.
La trampa tras la puerta
El cinismo de la medida radica en el «después», responsabilidad de la estrategia de mejora urbana que Morales González defiende como «accesible». Una vez que una persona con movilidad limitada utiliza estos espacios, se topa de frente con una realidad hostil: banquetas que son un catálogo de escombros, registros sin tapa que funcionan como trampas mortales y niveles desiguales que harían palidecer a un alpinista. Si el Centro Histórico es hoy un territorio de riesgo para ciudadanos plenamente capaces, para quienes viven con una discapacidad es, sencillamente, una zona de acceso prohibido por decreto de la negligencia oficial.
El negocio del desorden
Bajo la narrativa de la «transformación» que pregona el alcalde Pérez Cuéllar, la administración ha preferido el cosmético sobre la estructura. El costo de pintar unos cajones es mínimo comparado con la inversión necesaria para liberar y nivelar las aceras, hoy secuestradas por el comercio informal que el propio municipio solapa. Mientras el peatón es empujado al arroyo vehicular por la invasión de puestos y el deterioro del mobiliario, los nuevos cajones azules lucen como islas de orden en un mar de caos institucionalizado desde la presidencia municipal.
La farsa del bienestar
Este «urbanismo de boletín» evidencia una desconexión total entre la Unidad Administrativa Lic. Benito Juárez y la calle. No hay una ruta crítica de accesibilidad; sólo hay parches aislados para alimentar la estadística de gestión de funcionarios como Ricardo Morales González. Promover el arribo de personas con discapacidad a un sector donde las rampas terminan en muros o baches profundos no es empatía, es una irresponsabilidad política que pone en peligro la integridad física de los más vulnerables para cumplir con una cuota de imagen del gobierno municipal.
Publicidad sobre dignidad
Al final, la medida se sostiene sobre una tesis de utilidad nula firmada por la cúpula de la administración actual. El Centro Histórico no necesita más pintura ni más marbetes; necesita una cirugía mayor que devuelva la dignidad al peatón. Mientras la prioridad de la gestión municipal siga siendo el marketing del «logro» inmediato y no la reconstrucción de una infraestructura peatonal universal, estos 20 cajones quedarán como monumentos al absurdo: espacios reservados para que nadie pueda llegar realmente a ninguna parte.

