Los tribunales de familia en Estados Unidos han eliminado la prioridad automática de las madres en los procesos de custodia de menores, estableciendo un sistema de igualdad jurídica entre ambos progenitores. Bajo el marco legal vigente, las decisiones judiciales se fundamentan exclusivamente en el estándar del interés superior del niño, dejando atrás antiguas presunciones de género.
Esta transición legal desplazó la antigua doctrina de los años tiernos, que otorgaba una ventaja sistemática a la figura materna durante la primera infancia. Actualmente, los jueces analizan cada caso de manera individual para determinar qué entorno garantiza una mayor estabilidad emocional, seguridad y desarrollo integral para el menor, sin que el parentesco biológico por sí mismo represente una ventaja procesal.
El principio de interés superior del niño exige que tanto padres como madres demuestren su capacidad para cubrir las necesidades del infante ante el tribunal. Este criterio consolidado busca que la resolución final priorice la calidad de vida y el bienestar del menor, permitiendo que la justicia estadounidense determine la tutela legal basándose en hechos y capacidades probadas en lugar de roles tradicionales.
Un proceso de décadas
No fue un juez ni una localidad en particular, sino un cambio progresivo en la legislación de todo Estados Unidos que ocurrió a lo largo de las últimas décadas.
La transición de la antigua «doctrina de los años tiernos» (que favorecía a la madre) al estándar del «interés superior del niño» se consolidó mediante reformas en las leyes estatales y sentencias de cortes supremas en diversos estados (como el caso Devine v. Devine en Alabama en 1981, que fue clave para eliminar la presunción materna).
Actualmente, este principio es la norma general aplicada por todos los jueces de familia en los 50 estados del país, basándose en estatutos legales y no en una sola sentencia individua



