Ciudad de México.- La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrenta su mayor vulnerabilidad política desde 2007, agravada por la muerte del ayatolá Ali Khamenei en un operativo conjunto de Estados Unidos e Israel a fines de febrero de 2026.
Durante casi dos décadas, el régimen nicaragüense cultivó una alianza simbólica con Irán, presentada como «hermandad revolucionaria» contra Washington. Ortega presumió fotos con líderes iraníes como Mahmoud Ahmadinejad (2007 y 2012) y Ebrahim Raisi (2023), y viajó a Teherán en 2007 para reunirse con Khamenei.
Analistas como Enrique Sáenz y Juan Sebastián Chamorro destacan que esta relación fue más retórica que sustantiva: el comercio bilateral resultó mínimo (solo 81,500 dólares en exportaciones nicaragüenses a Irán en 2024, frente a 3,640 millones hacia EE.UU., el 48.4% del total). No hubo avances significativos en proyectos anunciados como represas o puertos.
La caída de Khamenei, confirmada tras ataques aéreos que también eliminaron a altos mandos iraníes, se suma a otros reveses regionales: la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 y la creciente presión sobre Cuba. Ni Rusia ni China intervinieron decisivamente en defensa de sus aliados, lo que resquebraja el discurso de un «escudo» protector para Managua.
Expertos como el sociólogo Oscar René Vargas advierten que Nicaragua, ubicada en la zona de influencia geopolítica de EE.UU., depende económicamente de remesas y exportaciones hacia ese país. Cualquier escalada en sanciones o aranceles por vínculos con Irán podría golpear duramente la economía.
El régimen ha mantenido un perfil bajo tras la muerte de Khamenei: emitió un comunicado escueto condenando «todas las formas de guerra» sin nombrar a EE.UU. ni Israel, y envió una delegación tardía a firmar condolencias en la embajada iraní. Murillo expresó «sinceras condolencias» por el «martirio» del ayatolá, pero sin condenas directas.
Opositores interpretan este silencio como temor: la operación contra Irán envía un mensaje claro a regímenes adversarios de Washington. Chamorro señala que Ortega podría buscar ganar tiempo hasta las elecciones de medio término en EE.UU., pero calcula mal el endurecimiento de la política exterior bajo Donald Trump y figuras como Marco Rubio.
En un escenario de aislamiento creciente, analistas coinciden en que la dictadura enfrenta un «zugzwang» estratégico: cualquier movimiento empeora su posición. La alternativa viable, según Chamorro, pasa por negociar una transición democrática antes de que la presión internacional y el cálculo interno (incluido el rol del Ejército) la obliguen a ceder poder.