Londres, Inglaterra.- Mientras Windsor acogía una recepción real cuidadosamente coreografiada, Londres y los alrededores del castillo fueron escenario de protestas organizadas por la Coalición Stop Trump, que reúne a más de 50 organizaciones, incluyendo Amigos de la Tierra, Amnistía Internacional, Discapacitados contra los Recortes, y campañas de solidaridad con Palestina, Ucrania y Cuba. Estas manifestaciones reflejaron el rechazo generalizado a Trump en el Reino Unido, donde una encuesta de YouGov de julio de 2025 indicó que solo el 16% de los británicos tienen una opinión positiva de él, y el 70% desaprueba su visita.
Donald Trump y la primera dama Melania Trump iniciaron su visita de Estado en el castillo de Windsor, una fortaleza de casi mil años de antigüedad que sirvió como escenario principal debido a las renovaciones en curso del Palacio de Buckingham. La elección de Windsor, a unos 30 kilómetros de Londres, fue estratégica para minimizar la exposición a las protestas y garantizar un entorno seguro y controlado.
Al mediodía, dos salvas de artillería resonaron simultáneamente: una desde el Home Park, a cargo de la King’s Troop Royal Horse Artillery con seis cañones de la Primera Guerra Mundial, y otra desde la Torre de Londres, disparada por la Honourable Artillery Company. Estas salvas marcaron la llegada de Trump y el rey Carlos III al castillo en el Irish State Coach, escoltados por la Household Cavalry Mounted Regiment. Melania Trump y la reina Camila los siguieron en el Scottish State Coach, flanqueados por 1,300 militares británicos de la Marina Real, el Ejército de Tierra y la Real Fuerza Aérea. La procesión recorrió los terrenos de la finca de Windsor, pasando frente a filas de soldados, marineros y aviadores, mientras bandas militares interpretaban los himnos nacionales de Estados Unidos y el Reino Unido. Esta ceremonia, descrita como la mayor bienvenida militar para una visita de Estado en la memoria reciente, incluyó 120 caballos y regimientos de élite como los Grenadier Guards, Coldstream Guards y Scots Guards.
Trump, acompañado por Carlos III, inspeccionó una Guardia de Honor en el East Lawn del castillo, desplegada sobre una alfombra roja. La ceremonia, que incluyó gaiteros escoceses como guiño a los orígenes familiares de Trump, fue diseñada para proyectar la solidez de la “relación especial” entre el Reino Unido y Estados Unidos.
Tras la procesión, los Trump depositaron una corona de flores en la tumba de la reina Isabel II en la Capilla de San Jorge, en una ceremonia íntima. Trump, quien había conocido a Isabel II en 2019, expresó su admiración por la monarquía británica, destacando que su madre, nacida en Escocia, “adoraba a la reina”.
En el Green Drawing Room, Carlos III mostró a los Trump una selección de objetos históricos de la Royal Collection, incluyendo cartas de Jorge III sobre la “rebeldía” de las colonias americanas en 1774, el ensayo manuscrito America is Lost de 1784, primeras ediciones de relatos coloniales de John Smith, y mapas militares de la Guerra de Independencia. Estos objetos subrayaron los lazos históricos entre ambos países, a pesar de su ruptura en 1776.

La jornada culminó con una cena de Estado en el St. George’s Hall, con 160 invitados, incluyendo figuras como Tim Cook (Apple), Sam Altman (OpenAI), y Rupert Murdoch. La mesa, decorada con vajilla de plata de 200 años, incluyó un menú con guiños a la herencia escocesa de Trump, como un cóctel “Transatlantic Whisky Sour” con Johnnie Walker Black. Los discursos de Carlos III y Trump destacaron la “fortaleza de los lazos transatlánticos” y la “alianza insustituible” entre ambos países. Antes de la cena, se realizó un espectáculo militar Beating Retreat en el East Lawn, con 200 músicos militares y un sobrevuelo de los Red Arrows de la Real Fuerza Aérea, aunque un desfile aéreo conjunto de aviones F-35 fue cancelado por mal tiempo.

Protestas en Londres
Miles de personas se reunieron en Portland Place, cerca de la sede de la BBC, para una marcha organizada por la Coalición Stop Trump. La manifestación recorrió Regent Street, Trafalgar Square, y la avenida hacia Downing Street, culminando en Parliament Square. Los manifestantes portaban pancartas con lemas como “No al racismo, no a Trump”, “Los migrantes son bienvenidos, Trump no”, y “Fascistas no bienvenidos”, algunos dirigidos también a Elon Musk y Nigel Farage. Dos globos hinchables caricaturizando a Trump como un “bebé con pañal” (similares a los usados en 2019) fueron visibles, aunque la asistencia fue menor que en la primera visita de Trump, que atrajo a 100,000 personas. La Policía Metropolitana desplegó 1,600 agentes, incluyendo 500 de otras fuerzas regionales, para controlar la marcha, que fue mayormente pacífica, aunque se reportaron momentos de tensión.
Un grupo más pequeño, de unas 70 personas, se congregó el 16 y 17 de septiembre frente al castillo de Windsor, en la King Henry VIII Gateway, coreando consignas como “Hey, hey, ho, ho, Donald Trump se tiene que ir” y “Donald Trump no es bienvenido aquí”. Algunos portaban pancartas alusivas al caso Epstein y a la crisis en Gaza. La policía de Thames Valley mantuvo un fuerte dispositivo de seguridad, con oficiales a caballo y perros rastreadores.
Proyecciones de Epstein
La noche del 16 de septiembre, el grupo Everyone Hates Elon proyectó imágenes de Trump junto a Jeffrey Epstein en una torre del castillo de Windsor, acompañadas de recortes de prensa y documentos relacionados con el caso. También desplegaron una pancarta de 400 metros cuadrados en el césped del castillo con la misma imagen. Cuatro personas fueron arrestadas por “comunicaciones maliciosas” y dos más por operar drones en espacio aéreo restringido. Estas acciones, descritas como un recordatorio de los vínculos de Trump con el fallecido delincuente sexual, generaron controversia y ensombrecieron la visita.
Los manifestantes se organizaron en siete bloques temáticos, incluyendo apoyo a Palestina y Ucrania, defensa del medio ambiente, inmigración, derechos humanos, y oposición al cambio climático negacionista. Un bloque judío y otro europeo también estuvieron presentes. Las críticas se centraron en las políticas de Trump sobre Gaza, su negacionismo climático, y su relación con Epstein. Los organizadores abogaron por un marco “alternativo y democrático” basado en la paz, la justicia social y la cooperación internacional.
El líder liberal demócrata Ed Davey boicoteó la cena de Estado en protesta por la postura de Trump sobre Gaza, argumentando que su influencia podría detener la crisis humanitaria. Una petición para cancelar la visita, iniciada en marzo, alcanzó 250,000 firmas. Figuras como el primer ministro escocés John Swinney y la parlamentaria conservadora Alicia Kearns también pidieron su cancelación, citando preocupaciones sobre Ucrania y Epstein.
La segunda visita de Estado de Donald Trump al Reino Unido, marcada por las salvas militares en Windsor y las protestas en Londres, fue un evento de alto perfil que combinó ceremonial real con tensiones políticas. La recepción en el castillo de Windsor, con una procesión en carruaje, una Guardia de Honor de 1.300 militares, y una cena de gala, buscó proyectar la solidez de la relación entre el Reino Unido y EE.UU. Sin embargo, las manifestaciones de la Coalición Stop Trump, las críticas de figuras como Billy Bragg, y el eco del caso Epstein revelaron el rechazo significativo a Trump en el Reino Unido.



