Ciudad de México.- La capital mexicana amaneció bajo el eco de consignas y el roce de metal contra metal, cuando cientos de docentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación se lanzaron contra las barreras que blindan Palacio Nacional, en un pulso por demandas que el gobierno federal considera ya en vías de resolución. El episodio, ocurrido en las primeras horas de este jueves 13 de noviembre, dejó un saldo de tensión palpable en el corazón histórico de la ciudad, con elementos de seguridad respondiendo a los empujones de los manifestantes mediante el uso de extintores y polvos irritantes que obligaron a un repliegue temporal.
Desde las cinco de la mañana, la plancha del Zócalo capitalino se llenó de siluetas envueltas en chamarras y carteles, con maestros provenientes principalmente de Oaxaca, Chiapas y otros estados del sur que habían pernoctado en la plaza para dar fuerza a su convocatoria. El grupo, estimado en varios cientos por testigos y reportes iniciales, avanzó con determinación hacia la calle de Correo Mayor, flanqueada por las imponentes vallas metálicas erigidas en anticipación a las movilizaciones.
A las seis y cuarenta y cinco minutos, los golpes contra las estructuras resonaron como un tambor de guerra, y los intentos de derribo ganaron ímpetu hasta doblar algunas secciones, aunque sin lograr el acceso al recinto presidencial. La respuesta no se hizo esperar: agentes de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, apostados en la zona, liberaron nubes de irritantes que dispersaron a los docentes, algunos de los cuales tosían y se cubrían el rostro con pañuelos improvisados. No se reportaron heridos graves en ese momento, pero el incidente revivió recuerdos de confrontaciones pasadas entre el magisterio disidente y las fuerzas del orden.
Este pulso inicial formaba parte de un paro nacional de cuarenta y ocho horas convocado por la CNTE, que incluye bloqueos en accesos clave del Centro Histórico y una mega marcha programada para la Ciudad de México, en sintonía con acciones similares en regiones como Oaxaca, donde la Sección 22 lidera el frente. La Secretaría de Seguridad Ciudadana, por su parte, anunció cierres viales preventivos en avenidas como Madero y 20 de Noviembre, para canalizar el flujo de la protesta y evitar mayores congestiones en una urbe que ya anticipa otra manifestación opositora el fin de semana.
Demandas ancestrales que trascienden acuerdos recientes
El fuego de esta protesta arde en reclamos que datan de años atrás, centrados en la abrogación de la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de 2007, vista por los docentes como un recorte disfrazado a sus pensiones, y la derogación total de la reforma educativa de 2019, que consideran un atentado a la autonomía magisterial y a las condiciones en escuelas rurales. Aunque en mayo pasado el gobierno federal anunció concesiones como un incremento salarial del nueve por ciento y días adicionales de vacaciones, la CNTE las califica de paliativos insuficientes, insistiendo en mesas de diálogo directo con la presidenta Claudia Sheinbaum para una renegociación integral.
Durante su conferencia matutina, la mandataria expresó perplejidad ante la escalada, al afirmar que su administración sostiene canales abiertos con la coordinadora a través de la Secretaría de Educación Pública, y que las calles de la capital no eran el foro idóneo para ventilar agravios, especialmente a dos días de una marcha convocada por sectores conservadores. «Tenemos una buena relación con la CNTE; no era necesario movilizarse así en la Ciudad de México, sino mantener el diálogo con la SEP», sentenció Sheinbaum, en un tono que buscaba desinflar la crispación pero que, para los maestros, suena a eco de promesas incumplidas.
Rechazados en su intento de irrumpir en el Palacio, los integrantes de la CNTE no cejaron en su empuje y redirigieron su contingente hacia el Congreso de la Unión, específicamente la Cámara de Diputados en San Lázaro. Allí, un grupo avanzado ya había desplegado casas de campaña para erigir un plantón que se extenderá al menos hasta el sábado, con la promesa de mitines y asambleas que amplifiquen su mensaje ante legisladores y la opinión pública. Mientras un núcleo realizaba el trayecto a pie por calles aledañas, otros permanecían en el Zócalo, reforzando el sitio con mantas y equipo logístico, en una maniobra que transforma la plaza en un bastión temporal de resistencia.
La jornada, que inició con la ilusión de un diálogo presidencial, se ha convertido en un recordatorio de la fractura persistente entre el magisterio y el poder ejecutivo, en un México donde las aulas rurales siguen clamando inversión y las reformas educativas, para muchos, representan un lastre ideológico más que una senda de progreso.



