Washington D.C. – Un mes después de la firma de su carta fundacional en el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente Donald Trump inauguró este jueves la primera reunión de la Junta de la Paz, un organismo internacional que preside personalmente y que busca supervisar la reconstrucción de la Franja de Gaza tras el frágil alto el fuego entre Israel y Hamás vigente desde octubre de 2025.
La agenda se centró en la recaudación de fondos para la recuperación del enclave palestino, devastado por el conflicto. Trump anunció que Estados Unidos aportará 10,000 millones de dólares a la iniciativa, mientras que nueve países miembros —entre ellos Catar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros del Golfo— se comprometieron con más de 7,000 millones adicionales para ayuda humanitaria y reconstrucción. Además, cinco naciones prometieron tropas para una fuerza internacional de estabilización que podría alcanzar los 20.000 efectivos, con despliegue inicial en sectores como Rafah.
De al menos 60 países invitados, solo 27 se han adherido plenamente como miembros. En Europa, la participación es mínima: Bulgaria, Hungría, Albania y Kosovo son los únicos que se sumaron, mientras que Italia, Chipre, Grecia, Rumania y la Unión Europea optaron por el estatus de observadores. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declinó asistir y envió a la comisaria Dubravka Šuica, citando dudas sobre el estatuto de la Junta. Francia y otros socios expresaron preocupación por un posible solapamiento o competencia con las competencias del Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobó el organismo en noviembre de 2025 con mandato limitado a promover la paz en Gaza.
La carta fundacional no menciona explícitamente Gaza y enfatiza ambiciones globales para resolver conflictos, lo que genera críticas sobre su estructura: Trump ejerce como presidente único con poderes para vetar decisiones, invitar miembros, crear entidades subsidiarias y designar sucesor, incluso tras dejar la Casa Blanca. El directorio ejecutivo incluye al secretario de Estado Marco Rubio, Jared Kushner y otros allegados.
Expertos como Max Rodenbeck, de Crisis Group, reconocen que la iniciativa responde al horror por la guerra en Gaza y a los lazos estrechos de Washington con Israel, pero dudan de su legitimidad democrática y de su capacidad para abordar conflictos sin intereses estadounidenses directos, como Ucrania.
El alto el fuego sigue vulnerable, con incidentes esporádicos. Israel exige el desarme de Hamás y controles de seguridad permanentes; los grupos palestinos demandan fin definitivo de hostilidades, retiro militar y levantamiento del bloqueo. El éxito de la Junta dependerá de avances concretos en los próximos meses.