DUBÁI, Emiratos Árabes Unidos. — En un escenario de creciente confrontación, Irán y Estados Unidos exhiben músculo naval en Oriente Medio al tiempo que las conversaciones sobre el programa nuclear iraní avanzan con dificultad. Teherán realizó el jueves ejercicios conjuntos con Rusia en el golfo de Omán y el océano Índico, mientras el portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford se dirige hacia la región, lo que subraya la fragilidad de la diplomacia en curso.
Los ejercicios iraníes-rusos, reportados por la agencia estatal IRNA, buscan mejorar la coordinación operativa y el intercambio de experiencias militares entre ambas marinas. Un buque que parece ser una corbeta rusa de la clase Steregushchiy fue avistado en el puerto de Bandar Abbas, y las maniobras incluyeron simulacros con fuego real y lanzamientos de misiles antibuque, según avisos a navegantes emitidos por Irán. Aunque China participó en ediciones previas del «Cinturón de Seguridad», no se confirmó su involucramiento esta vez.
Estos movimientos coinciden con el despliegue del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, que partió del Caribe rumbo al Mediterráneo oriental. Datos de seguimiento naval indican que el buque se encontraba frente a la costa de Marruecos el miércoles, lo que sugiere un tránsito próximo por el estrecho de Gibraltar. Acompañado de destructores con misiles guiados, el grupo naval incrementaría la capacidad aérea y antimisiles de Estados Unidos en la zona, permitiendo potencialmente proteger a aliados como Israel y Jordania ante una escalada con Irán.
El Pentágono ya había reforzado su presencia en la región durante conflictos previos, como la guerra entre Israel y Hamás en Gaza. El presidente Donald Trump ha utilizado esta acumulación de fuerzas como herramienta de presión. En un mensaje en Truth Social, Trump advirtió que, de no alcanzarse un acuerdo nuclear, podría ser necesario emplear bases como Diego García —en el océano Índico— y el aeródromo de Fairford, en Reino Unido, para neutralizar amenazas de un «régimen sumamente inestable y peligroso». El comentario también busca influir en las negociaciones británicas sobre el futuro de las islas Chagos con Mauricio, instando a Londres a no ceder el control de Diego García.
Las conversaciones nucleares, retomadas tras la interrupción causada por el conflicto entre Irán e Israel en junio pasado, se desarrollan de forma indirecta con mediación omaní y suiza. En la ronda de Ginebra, ambas partes reportaron avances en «principios rectores», aunque persisten diferencias clave. Irán ha mostrado disposición a compromisos si se abordan las sanciones, mientras Washington exige desmantelar capacidades nucleares y de misiles balísticos. Trump ha reiterado que un fracaso diplomático podría derivar en acciones militares.
En el plano interno, Irán enfrenta persistente descontento tras la represión de las protestas que estallaron a finales de diciembre de 2025. Desencadenadas por el colapso del rial —que llegó a más de 1.4 millones por dólar— y la inflación galopante, las manifestaciones se iniciaron en el Gran Bazar de Teherán y se extendieron por todo el país. El 8 de enero, convocadas en parte por el príncipe heredero en el exilio Reza Pahlavi, alcanzaron su punto álgido con consignas contra la teocracia y a favor de cambios profundos.
El gobierno reportó 3,117 fallecidos por la violencia, pero organizaciones como la Human Rights Activists News Agency estiman más de 7,000 víctimas mortales, con temores de cifras aún mayores. En las ceremonias de los 40 días posteriores a las muertes —tradición chií—, se han registrado homenajes en cementerios como Behesht-e Zahra, donde participantes corearon consignas antigubernamentales pese a las amenazas oficiales.
La combinación de maniobras militares externas y tensiones internas ilustra el delicado equilibrio que mantiene Teherán: proyectar fuerza ante Washington y Moscú mientras contiene el malestar doméstico. Aunque las negociaciones nucleares continúan, la presencia de dos grupos de portaaviones estadounidenses —incluido el USS Abraham Lincoln ya en la zona— y los ejercicios iraníes elevan el riesgo de un error de cálculo en una región clave para el comercio petrolero global.
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