Teherán, Irán.- Un incendio de grandes proporciones se registró este jueves en la refinería de Haifa, la instalación de combustible más importante de Israel, tras un bombardeo con misiles ejecutado por Irán. El ataque, que provocó cortes de energía en el norte del país, impactó directamente en una planta que suministra hasta el 60 % del combustible nacional, lo que representa un golpe estratégico a la infraestructura energética israelí.
A pesar de las columnas de humo visibles a kilómetros de distancia y los reportes de fragmentos de misiles en zonas habitadas, el ministro de Energía e Infraestructura, Eli Cohen, minimizó el impacto inicial al asegurar que los daños a la red eléctrica son limitados. Equipos de rescate se desplazaron a la zona del siniestro, confirmando que, hasta el momento, no se han reportado víctimas mortales ni heridos entre el personal de la planta.
Esta ofensiva es parte de una escalada regional que tuvo un capítulo previo el miércoles, cuando instalaciones iraníes en South Pars, el yacimiento de gas más grande del mundo, fueron blanco de ataques que obligaron al cierre de varias secciones para contener incendios. Asimismo, Qatar denunció agresiones iraníes contra la ciudad industrial de Ras Laffan, afectando complejos de gas natural licuado en una serie de eventos que han desestabilizado el mercado energético del Golfo Pérsico.
El intercambio de fuego ocurre en el marco de la operación militar iniciada el pasado 28 de febrero por las fuerzas de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní. Dicha agresión resultó en la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y de varios mandos militares de alto rango, lo que aceleró la sucesión en el poder hacia su hijo, Mojtabá Jameneí, quien ha jurado responder a la ofensiva.
Como parte de su estrategia de represalia, Teherán ha lanzado oleadas masivas de drones y misiles balísticos no solo contra territorio israelí, sino también contra bases estadounidenses situadas en Oriente Medio. La actual crisis mantiene en alerta máxima a las potencias globales ante el riesgo de que el conflicto derive en una guerra regional abierta que interrumpa de forma permanente el suministro global de hidrocarburos.