¡Es De la Peña!: el CEN decidirá
La reciente conferencia de prensa ofrecida por Santiago Taboada, secretario de Acción Política del CEN del PAN, confirmó lo que representa un hecho inédito y un parteaguas histórico en la vida interna del partido en Chihuahua: por primera vez en la historia del blanquiazul, las candidaturas a las alcaldías más importantes no se definirán mediante métodos locales o consultas a la militancia, sino que se decidirán de forma centralizada desde las oficinas de la Ciudad de México. Al asumir el control absoluto del proceso, la dirigencia nacional deja de simular un arbitraje imparcial y sostenemos la tesis de que el ungido para la alcaldía de la capital será Santiago de la Peña Grajeda, sellando un acuerdo de cúpula que anula cualquier competencia real.
Durante su intervención, Taboada delineó un modelo de selección basado en filtros de integridad y mediciones cuantitativas y cualitativas sobre cinco municipios prioritarios: Chihuahua capital, Ciudad Juárez, Delicias, Cuauhtémoc y Parral. Al respecto, el funcionario partidista sentenció con escepticismo sobre las dinámicas locales: «Hay diálogo con todos los aspirantes; todos me dicen que son los super ganadores, pues yo… con respeto mucho lo que todos puedan decir… pero es momento de que el CEN mida, es momento de que el CEN reciba esa información y de que anuncie con toda seriedad los resultados de estas mediciones”. Bajo el pretexto de evaluar positivos y negativos, el centralismo partidista fabrica la coartada perfecta para justificar una decisión que ya está tomada de antemano en favor de los intereses del grupo en el poder estatal.
Este esquema vertical y autoritario —que muchos analistas interpretan como la copia fiel de los métodos cupulares de Morena— elude por completo la exigencia de César Jáuregui y sus seguidores, quienes operaban para que la selección se realizara mediante una consulta abierta a las bases. Con ello se entierra la tradición democrática interna que en 2021 permitió a la actual gobernadora, Maru Campos, consolidar su liderazgo al arrasar en una votación interna de la militancia frente a Gustavo Madero, obteniendo 4,698 votos (el 61.92% de los sufragios válidos) frente a los 2,842 de su opositor (37.46%), un ejercicio similar al que llevó a Marco Bonilla a la alcaldía. Al arrebatarle a la base el derecho a decidir, la cúpula demuestra que las reglas democráticas internas estorban cuando se trata de imponer un proyecto predeterminado.
Los antecedentes históricos revelan el tamaño sísmico de esta ruptura. César Jáuregui había encabezado junto con la mandataria estatal una de las duplas políticas más exitosas, influyentes y estables en la política del PAN en Chihuahua durante los últimos diez años, ahora enfrentados. Arrebatarles a los militantes locales el control del proceso mediante una imposición formalmente de la Ciudad de México, dinamita esa estructura tradicional y desata una rebelión interna de pronósticos reservados, operada por los grupos afines a Jáuregui para restarle respaldo al proyecto oficial. No obstante, al centralizar el fallo en manos del CEN, queda claro que la estructura local disidente ha sido relegada, convirtiendo la simulación de encuestas en un simple trámite para oficializar a Santiago de la Peña.
Las señales expuestas entre líneas apuntan a que los resultados se oficializarán durante la primera semana de noviembre, allanando el camino para que el destape inminente consolide a De la Peña Grajeda. La prospectiva de esta decisión centralista advierte un escenario de alta turbulencia política: al fracturar la democracia interna histórica que gobernaba los destinos del partido en el estado y marginar a la militancia de la toma de decisiones, la cúpula nacional asume conscientemente el riesgo de una fractura profunda en el panismo de la capital y del estado. El tamaño exacto de la rebelión es una incógnita ante los intentos de desmovilizar a los operadores de Jáuregui, pero la línea dictada desde México es irreversible y las consecuencias correrán por cuenta de un partido que ha decidido apostar a la verticalidad autoritaria por encima de su propia militancia.
Agonía y ocaso del FICH
El cierre de la edición actual del Festival Internacional Chihuahua marca un contraste doloroso frente a sus orígenes. Lo que alguna vez se consolidó como un referente cultural de talla mundial hoy sobrevive reducido a expresiones locales de aforo limitado, evidenciando el agotamiento institucional de un proyecto que nació con vocación global. El cierre del festival se da hoy en el Centro Cultural la Quintas Carolinas, con un espectáculo de circo, el espacio difícilmente albergará a más de cien personas…triste final.
Ideado e impulsado durante la administración del gobernador José Reyes Baeza Terrazas (2004-2010), el Festival Internacional Chihuahua surgió con el propósito de saciar la demanda de espectáculos de alta calidad en una entidad geográficamente aislada de los grandes circuitos artísticos del país. Desde su primera edición, la respuesta ciudadana superó cualquier expectativa institucional.
El impacto social de aquella etapa inicial quedó marcado por anécdotas sobre la alta demanda popular. Emblemática resulta la presentación del Gran Circo de Pekín en el Auditorio Cívico Benito Juárez de Ciudad Juárez: ante una capacidad formal de mil 800 lugares, el recinto rebasó los dos mil 500 asistentes. La presión social en las puertas obligó a los organizadores a permitir el acceso general, dejando a cientos de espectadores de pie, pegados a las paredes y ocupando las escaleras en un lleno histórico que reflejó la profunda sed de espectáculos culturales internacional en la región.
Generaba actividad económica, turismo doméstico, nacional e internacional, ocupación hotelera, actividad en el sector de servicios y alimento para el alma.
Durante sus primeros seis años, el festival trajo a figuras de la magnitud del tenor José Carreras y compañías artísticas de los cinco continentes, ofreciendo eventos masivos y gratuitos de inauguración y clausura que no tenían precedentes en las ciudades más pobladas de la entidad . Para su creador, este legado cultural representó el motivo de mayor orgullo político al concluir su gestión, según sus propias palabras.
De la proyección global a la atonía gubernamental
La decadencia del FICH no responde a un solo factor, sino a una línea de continuidad en la desatención institucional y la miopía política de administraciones sucesivas que relegaron la cultura a un plano secundario o clientelar.
- La etapa de degradación comercial (César Duarte): Con el cambio de administración, el festival experimentó un proceso de vaciamiento conceptual. La prioridad de proyectar a Chihuahua en el mapa cultural global fue sustituida por una programación de tinte comercial y populista, introduciendo conciertos de música grupera y espectáculos de fácil consumo que diluyeron la identidad internacional del evento.
- El desdén y la fragmentación (Javier Corral): Durante el siguiente sexenio, la tendencia al deterioro se profundizó. Lejos de rescatar el sentido original del festival, la gestión estatal se caracterizó por la indiferencia ante la necesidad ciudadana de eventos masivos de calidad mundial, fragmentando presupuestos y perdiendo el interés de las grandes audiencias.
- La banalización institucional (Maru Campos): En la etapa reciente, el festival ha terminado por diluirse en la agenda oficial, conviviendo e incluso subordinándose conceptualmente a ferias comerciales y festivales de corte cervecero o regional, como el caso del festival en Meoqui. La política cultural perdió el pulso de la excelencia para volverse intrascendente.
El saldo de la indolencia
Veinte años después de su concepción, el balance es lapidario. Aquellas decenas de miles de asistentes que llenaban plazas, teatros y auditorios en las primeras seis ediciones se han reducido hoy a grupos minoritarios en centros culturales locales.
La historia del Festival Internacional Chihuahua ilustra cómo una política pública exitosa, capaz de transformar el tejido social y proyectar al estado más allá de sus fronteras, puede ser erosionada por la falta de visión, la ignorancia institucional y la desidia de gobernantes incapaces de comprender que la cultura no es un gasto prescindible, sino un derecho y un patrimonio fundamental de la sociedad.
Joss Vega no puede
El arranque de la gestión de Joceline Vega al frente de la Presidencia de la Mesa Directiva del Congreso del Estado de Chihuahua ha estado marcado por la agitación, la confrontación constante y un evidente déficit de operación conciliadora. A poco más de un mes de haber asumido el cargo, su paso por el poder legislativo local se perfila como un ejercicio accidentado donde el protagonismo político ha desplazado a la neutralidad institucional.
Desde las primeras semanas, el desempeño de Vega Vargas ha evidenciado un estilo de conducción vertical y áspero. Lejos de asumir la posición de un árbitro imparcial encargado de garantizar el equilibrio parlamentario y la pluralidad de voces en el Pleno, su figura se ha consolidado como una trinchera de defensa partidista. Esto ha quedado patente en momentos críticos de la agenda legislativa, donde las decisiones de la Mesa Directiva han respondido más a la lógica de la confrontación con los bloques opositores que a la construcción de consensos.
Uno de los puntos de quiebre más claros de este breve periodo ocurrió cuando la presidencia del Congreso optó por negar el uso de la palabra al diputado Cuauhtémoc Estrada durante la discusión legislativa. Lejos de encauzar la discusión mediante el diálogo o la flexibilidad reglamentaria, la negativa a concederle la palabra funcionó como un detonante que fracturó la sesión y escaló la tensión hasta provocar la toma de la tribuna encabezada por el propio Cuauhtémoc Estrada y los legisladores de Morena. Este episodio ilustra cómo el manejo de la asamblea se ha visto subordinado a la polarización, convirtiendo el recinto parlamentario en un escenario de jaloneos y descalificaciones mutuas.
A este desgaste al interior del Congreso se suma su intervención directa en las disputas internas de su propio partido y en los roces con el árbitro electoral. En lugar de matizar su perfil institucional, la presidenta del Congreso ha asumido un papel beligerante frente a los señalamientos de fuego amigo y las pugnas por candidaturas, lo que la ha colocado en el centro de denuncias formales ante el Instituto Estatal Electoral. Cruz Pérez Cuéllar la demando por llamarlo narco-coordinador.
El saldo de estas primeras semanas de gestión revela una presidencia rebasada por la coyuntura política y electoral. La persistencia de un estilo confrontativo y la incapacidad para moderar con equidad los ánimos del Pleno auguran que el Congreso de Chihuahua continuará navegando en la turbulencia, con una conducción que prioriza la trinchera partidista por encima de la estabilidad institucional.



