Río de Janeiro, Brasil.- A pocas horas de celebrarse la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, los sondeos muestran un panorama sumamente cerrado entre el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, y el candidato de la extrema derecha, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente. Con un electorado fuertemente polarizado y bloques prácticamente cristalizados, la definición de los comicios recae en un reducido grupo de indecisos que ronda entre el 3 y el 5 por ciento.
El perfil de estos votantes se concentra especialmente en estados clave del sureste como São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, motor económico del país. En este sector se encuentra Elza Mendes, una trabajadora de la limpieza de Río de Janeiro y madre de familia, cuyo dilema refleja el pulso nacional. Por un lado, muestra afinidad con el discurso de seguridad y valores tradicionales de Bolsonaro; por el otro, teme el impacto que un cambio de gobierno pueda tener sobre programas sociales esenciales como Bolsa Familia y las cuotas universitarias de las que depende el futuro educativo de su hija.
La baja participación y la abstención también se perfilan como factores determinantes. En los comicios pasados, la abstención alcanzó el 21 por ciento, una tendencia que los analistas prevén que podría repetirse o incrementarse debido a la fatiga electoral, afectando principalmente a las bases de menores ingresos que tradicionalmente respaldan a la izquierda.
Mientras los equipos de campaña intensifican sus estrategias de última hora para captar a los votantes moderados y persuadir a los simpatizantes de candidatos minoritarios mediante el voto útil, los indecisos ultiman sus posturas. En el caso de Mendes, la influencia familiar y el deseo de proteger el porvenir universitario de su hija de 18 años inclinan su balanza hacia la continuidad, a la espera de plasmar su decisión definitiva en las urnas este domingo.



