En Gaza asesinan a la población y
destruyen 3,500 años de civilización
La situación en Gaza, como describe el arqueólogo Fadel al Otol y otros testimonios, refleja una crisis humanitaria y cultural de proporciones devastadoras. La Ciudad de Gaza, una de las urbes más antiguas del mundo, con una historia que se remonta al 3500 a.C., ha sido un crisol de civilizaciones, desde los filisteos hasta los romanos, bizantinos, cruzados y otomanos. Su riqueza arqueológica incluye yacimientos como el barrio de Zaytoun, la Gran Mezquita Al Omari (originalmente una iglesia bizantina) y sitios cristianos como iglesias históricas. Fadel al Otol, como arqueólogo, ha dedicado décadas a preservar este legado, pero los bombardeos y la destrucción actual amenazan con borrar no solo monumentos, sino también la memoria cultural de Gaza.
La Franja de Gaza, con una población de aproximadamente 2.3 millones de personas en un área de 365 km², es uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Su historia reciente está marcada por el conflicto, el bloqueo israelí desde 2007 (tras la toma de poder por Hamás) y múltiples enfrentamientos armados. La actual escalada, desencadenada por los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023, ha intensificado la crisis, con consecuencias devastadoras para la población y el patrimonio.
Fadel al Otol, fue entrevistado para DW, medio de comunicación del gobierno alemán, con alcances mundiales.
Según las Naciones Unidas, más del 80% de la Franja de Gaza está demarcada como «zonas rojas», áreas donde los palestinos no pueden permanecer debido a órdenes de evacuación del ejército israelí. Esto ha llevado al desplazamiento de casi toda la población, con familias como la de Sham Mahmoud enfrentándose a decisiones imposibles: quedarse en zonas peligrosas o huir sin un lugar seguro adonde ir. Muchas personas, como Ezzedine Mohammed, han sido desplazadas varias veces, viviendo en tiendas de campaña o refugios improvisados en barrios como Rimal, antes un área vibrante y ahora un campo de desplazados.
La declaración de hambruna por el IPC (Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria) a finales de agosto de 2025 subraya la gravedad de la situación. El bloqueo israelí y las restricciones a la entrada de ayuda han limitado el acceso a alimentos, agua potable y suministros médicos. Organizaciones como PNGO, liderada por Amjad Shawa, enfrentan enormes dificultades para distribuir ayuda, con comedores sociales funcionando de manera intermitente. La desnutrición y el agotamiento físico dificultan aún más las evacuaciones, especialmente para niños, ancianos y personas con discapacidades.
El Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, reporta al menos 63,500 muertes, una cifra que la ONU considera creíble, aunque probablemente subestima el total debido a los cuerpos atrapados bajo escombros. La intensificación de los bombardeos, especialmente en el norte y este de la Ciudad de Gaza, ha destruido barrios enteros, incluyendo los últimos rascacielos, y ha generado un clima de terror constante, como describe Sham Mahmoud al hablar del miedo de sus hijos.
Impacto cultural y patrimonial
Fadel al Otol destaca la pérdida irreparable de sitios arqueológicos y barrios históricos. Gaza, como cuna de civilización, alberga vestigios de múltiples épocas, pero los bombardeos indiscriminados amenazan con destruirlos. Por ejemplo, el Barrio de Zaytoun, uno de los más antiguos de Gaza, con la Gran Mezquita Al Omari y dos iglesias históricas, está en riesgo de desaparecer.
Más allá de las «antigüedades», como señala Al Otol, se está perdiendo la historia viva de los barrios, sus comunidades y sus tradiciones. La destrucción de viviendas, mezquitas e iglesias no solo elimina estructuras físicas, sino también la identidad colectiva de Gaza.
Organizaciones como la UNESCO han expresado preocupación por la destrucción del patrimonio cultural en Gaza, pero la intensidad del conflicto dificulta los esfuerzos de documentación y protección.
Acusaciones de genocidio
La acusación de genocidio contra Israel, respaldada por grupos de derechos humanos y algunos líderes europeos, como la vicepresidenta de la Comisión Europea, se basa en la magnitud de las víctimas, la destrucción de infraestructura civil y las restricciones a la ayuda humanitaria. En 2024, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó que la acusación de violaciones a las Convenciones de Ginebra era «plausible», aunque un fallo definitivo podría tardar años. Mientras tanto, el ejército israelí justifica sus acciones como una respuesta a los ataques de Hamás, clasificado como grupo terrorista por Israel, EE.UU., la UE y otros.
Testimonios como los de Amjad Shawa y Ezzedine Mohammed reflejan una mezcla de agotamiento y determinación. A pesar de la destrucción, muchos gazatíes, como Shawa, insisten en que «Gaza es Gaza» y se niegan a abandonar su identidad. Sin embargo, la falta de perspectivas claras para la reconstrucción, combinada con el trauma colectivo, plantea preguntas sobre el futuro de la próxima generación.
Fadel al Otol señala que, aunque las «piedras» pueden reconstruirse, la civilización lleva años. La pérdida de sitios históricos y la diáspora forzada de la población podrían alterar permanentemente la identidad de Gaza. Además, la reconstrucción enfrenta obstáculos económicos y políticos, dado el bloqueo y la falta de consenso internacional sobre cómo abordar el conflicto.
La intensificación de los ataques, con el control israelí del 40% de la Ciudad de Gaza y planes para avanzar, sugiere que la crisis no se resolverá pronto. La falta de lugares seguros, como describe Sham Mahmoud, y la imposibilidad de ofrecer refugio adecuado, como lamenta Shawa, agravan la sensación de abandono.
La situación en Gaza, vista a través de los ojos de Fadel al Otol, Amjad Shawa, Sham Mahmoud y Ezzedine Mohammed, es una tragedia multifacética: humanitaria, cultural y existencial. La destrucción de la Ciudad de Gaza, una de las más antiguas del mundo, no solo amenaza vidas y hogares, sino también un legado histórico milenario. Mientras la comunidad internacional debate acusaciones de genocidio y busca soluciones, los gazatíes enfrentan un presente de miedo, pérdida y desplazamiento, con un futuro incierto. La resistencia de figuras como Al Otol y Shawa refleja la resiliencia de una población que, a pesar de todo, se aferra a su identidad y su tierra.



