El circo de Corral y Adán Augusto
La política mexicana vive de la simulación y el reciente llamado del Senado a la gobernadora de Chihuahua es la prueba más fehaciente de ello. Detrás de la cortina de humo de la seguridad nacional y la supuesta defensa de la soberanía, el bloque oficialista en la cámara alta intenta montar un tribunal inquisitorio sin bases legales sólidas. La pretensión de someter a escrutinio a un ejecutivo estatal desde el centro del país carece por completo de fundamento jurídico y responde exclusivamente a una agenda de golpeteo que busca desestabilizar a un gobierno de oposición.
El Senado no es juez de los estados
Para entender el despropósito de este citatorio, basta con revisar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El artículo 76, que delimita de forma muy estricta las facultades exclusivas de la Cámara de Senadores, no contiene un solo renglón que le otorgue competencia para obligar a comparecer a los gobernadores. En el diseño de nuestro pacto federal, los estados son libres y soberanos, lo que significa que el equilibrio de poderes de una entidad no puede ser pisoteado por los caprichos de los legisladores federales.
Invitar para intentar humillar
Conscientes de sus propias limitaciones legales y del predecible ridículo jurídico que implicaría una orden directa, los senadores de las comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Seguridad Pública tuvieron que doblar las manos. El polémico dictamen aprobado no es una orden de comparecencia ni un mandato judicial, sino una simple y llana invitación a una mesa de trabajo. Esta sutileza en el lenguaje demuestra que ni siquiera los promotores de la iniciativa se atreven a desafiar abiertamente el orden constitucional para no ser exhibidos.
Chihuahua rinde cuentas en casa
La gobernadora no tiene por qué aceptar este juego de pirotecnia mediática ni regalarles la fotografía que tanto ansían sus detractores en la capital del país. Bajo el marco de la división de poderes, el único órgano facultado y con el derecho legítimo para exigir cuentas y explicaciones a la mandataria es el Congreso del Estado de Chihuahua. Trasladar un debate que corresponde estrictamente al ámbito local a las ruidosas tribunas de la Ciudad de México violentaría de tajo la autonomía de la entidad norteña.
El tufo electoral que contamina la justicia
Detrás de la indignación de los senadores por la supuesta presencia de agencias extranjeras en la sierra tarahumara no hay un interés genuino por esclarecer los hechos, sino un burdo oportunismo electoral. Con la mirada puesta en las próximas contiendas y la urgente necesidad de posicionar a sus propios aspirantes locales, personajes como Javier Corral y Adán Augusto López utilizan la tribuna para golpear la imagen de la gobernadora. Chihuahua se ha convertido en el tablero de ajedrez donde el oficialismo busca minar la credibilidad de sus adversarios a cualquier costo.
El falso patriotismo de quienes permiten la violencia
Resulta sumamente irónico y contradictorio que el Senado pretenda rasgarse las vestiduras por la soberanía nacional cuando el país atraviesa por una de las crisis de violencia más severas de su historia moderna. Exigir explicaciones a una autoridad local sobre operativos complejos mientras la federación mantiene una estrategia de seguridad pasiva e ineficaz en gran parte del territorio nacional denota una tremenda falta de congruencia. El discurso soberanista no es más que una herramienta retórica para distraer a la opinión pública de los verdaderos problemas estructurales.
La dignidad política frente al acoso institucional
Para la gobernadora, el camino correcto no es la sumisión ante un órgano que actúa fuera de su esfera de competencia, sino el respeto absoluto a las instituciones que representa. Aceptar una invitación que nace viciada por consignas políticas equivaldría a validar el acoso institucional y a crear un pésimo precedente para el resto de los mandatarios estatales en el país. El liderazgo se demuestra manteniendo la postura frente a los embates de la federación y enfocando los esfuerzos en resolver los problemas reales de los ciudadanos en su propio territorio.
Un llamada misa la invitación del Senado
Al final del día, los famosos puntos de acuerdo que emite el Senado no son más que llamados a misa que carecen de fuerza vinculante y que solo sirven para llenar las páginas de la crónica periodística. El país no necesita más batallas estériles ni forcejeos mediáticos entre los diferentes niveles de gobierno que solo desgastan la confianza pública. Si el Senado realmente desea ayudar a Chihuahua, debería empezar por legislar para dotar de mejores recursos a las policías locales en lugar de operar como un club de debate electoral.



