ALBUQUERQUE, Nuevo México. — A sus casi 96 años, Dolores Huerta sigue siendo uno de los íconos más poderosos del movimiento por los derechos laborales y civiles en Estados Unidos. Cofundadora del sindicato United Farm Workers (UFW), negociadora incansable, activista feminista y defensora de los marginados, su trayectoria de más de siete décadas ha transformado las condiciones de vida de millones de trabajadores agrícolas y ha inspirado generaciones en la lucha por la igualdad.
Nacida como Dolores Clara Fernández en 1930 en Dawson, Nuevo México, Huerta creció en el Valle de San Joaquín, California, en un entorno multicultural de familias mexicanas, filipinas, afroestadounidenses, japonesas y chinas. Hija de un minero y activista sindical que también fue legislador estatal, y de una madre emprendedora e independiente que regentó un hotel y un restaurante, Huerta absorbió desde niña valores de equidad, diversidad y acción colectiva.Dolores Huerta en sus años de gran activismo social.
Como maestra de primaria, se frustró al ver a sus alumnos hijos de jornaleros llegar hambrientos y sin recursos básicos. Decidió que podía lograr más organizando a los padres que intentando enseñar a niños en precariedad. En la década de 1950, se involucró en la Community Service Organization (CSO), donde conoció a César Chávez. Juntos fundaron en 1962 la National Farm Workers Association (NFWA), que evolucionó al UFW. Huerta se destacó como vicepresidenta del sindicato hasta 1999, liderando negociaciones clave y boicots nacionales.
Fue la principal negociadora en el histórico contrato que siguió a la huelga de Delano de 1965, que involucró a miles de trabajadores de uva y duró cinco años. Dirigió boicots exitosos que obligaron a los productores a mejorar salarios, condiciones laborales y eliminar pesticidas peligrosos. Logró beneficios como seguros de salud, pensiones y protecciones contra sustancias tóxicas. En 1963, consiguió ayuda para familias dependientes y seguro por discapacidad para jornaleros en California, y fue instrumental en la Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de 1975, la primera en el país que otorgó derechos de organización colectiva a los trabajadores agrícolas.
Huerta enfrentó arrestos —más de 20 veces— y violencia: en 1988 resultó gravemente herida por la policía durante una protesta en San Francisco, lo que requirió una larga recuperación. A pesar de los prejuicios étnicos y de género en un mundo dominado por hombres, su tenacidad la convirtió en una líder indiscutible.
Tras décadas en el UFW, amplió su lucha a los derechos de las mujeres, inmigrantes y comunidades marginadas. Fundó la Dolores Huerta Foundation, desde donde promueve la participación cívica de latinas, combate la discriminación y aboga por justicia social, económica y ambiental. Ha hecho campaña por presidentes demócratas como Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden, y mantiene una amistad cercana con el gobernador de California, Gavin Newsom.
Su legado ha sido reconocido con numerosos honores: la Medalla Presidencial de la Libertad —el mayor galardón civil de EE.UU.— entregada por Obama en 2012, quien bromeó que le había “robado” su lema “Sí se puede” (acuñado por Huerta en 1972 durante una lucha en Arizona) para su campaña “Yes, we can”; el Premio Eleanor Roosevelt de Derechos Humanos en 1998; inducción al Salón Nacional de la Fama de la Mujer (primera latina en 1993); nueve doctorados honoris causa; y el Día de Dolores Huerta en California (10 de abril).
Escuelas, calles y murales llevan su nombre en varios estados. Su imagen simboliza resiliencia y empoderamiento.En un comunicado reciente, Huerta rompió un silencio de décadas sobre abusos personales por parte de Chávez —cofundador del movimiento— en los años 60, que resultaron en dos embarazos mantenidos en secreto. Explicó que guardó silencio para proteger la causa a la que dedicó su vida: “Canalicé todo lo que tenía en abogar por millones de trabajadores agrícolas y otros que sufrían y merecían igualdad de derechos”.
La revelación ha generado llamados a renombrar homenajes a Chávez en favor de Huerta o eliminarlos, pero su figura emerge más fuerte como ejemplo de fortaleza verdadera. El senador Martin Heinrich (D-NM) la elogió: “Gracias por mostrarnos lo que es la verdadera fortaleza”.
Huerta continúa marchando, dando discursos y luchando por raza, pobreza, género y justicia. Su vida demuestra que “sí se puede” no es solo un lema, sino una realidad construida con determinación inquebrantable.
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