CIUDAD DE MÉXICO. — La crisis política al interior del oficialismo escaló de manera significativa tras la decisión del gobernador Rubén Rocha Moya de reincorporarse a sus funciones al frente del estado de Sinaloa, un movimiento que generó un rechazo abierto por parte de la dirigencia nacional de Morena, los legisladores guindas y la propia presidenta de la República, Claudia Sheinbaum.
El retorno del mandatario estatal se concretó tras haber permanecido más de tres meses separado temporalmente de su encargo constitucional, periodo motivado por las indagatorias y los señalamientos emitidos por la justicia de Estados Unidos en contra de diversos funcionarios locales por supuestos vínculos con redes de narcotráfico. Aunque la defensa de Rocha argumentó que las fiscalías mexicanas no encontraron elementos probatorios que sustentaran dichas acusaciones durante su ausencia, el movimiento político tomó por sorpresa a la administración federal.
Durante sus declaraciones públicas, la presidenta Claudia Sheinbaum reprochó que los intereses particulares se antepongan al bienestar de la nación, señalando enfáticamente que los cargos públicos son pasajeros y que la ambición de poder no puede colocarse por encima del servicio al pueblo. Asimismo, la titular del Ejecutivo federal reconoció que se enteró de la reincorporación del gobernador a través de un mensaje difundido en redes sociales, evidenciando la falta de comunicación institucional previa con el mandatario estatal.
El pronunciamiento presidencial profundizó el aislamiento político de Rocha al interior de su propio partido. Diversas expresiones de Morena, incluyendo a la coordinación parlamentaria en la Cámara de Diputados y a los gobernadores del movimiento, se desmarcaron de la decisión y exigieron mesura institucional, advirtiendo que este tipo de acciones unilaterales comprometen la estabilidad política del movimiento de cara a los próximos procesos electorales y a la relación diplomática bilateral con el vecino país del norte.



