Copenhague, Dinamarca.- En un movimiento coordinado que refuerza la presencia de la OTAN en el extremo norte, Alemania, Dinamarca, Suecia y Noruega han anunciado el envío de personal militar a Groenlandia. La decisión llega en medio de crecientes fricciones geopolíticas en la región ártica, exacerbadas por las reiteradas declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre la necesidad estratégica de que Washington controle la isla autónoma danesa.
El Ejército alemán enviará este jueves a Nuuk un equipo de reconocimiento compuesto por 13 soldados a bordo de un Airbus A400M. Su misión principal será evaluar sobre el terreno las necesidades de apoyo militar, con énfasis en la vigilancia marítima, en estrecha coordinación con las fuerzas danesas y con participación de personal sueco y noruego.
Desde Copenhague, el ministro de Defensa danés, Troels Lund Poulsen, confirmó un aumento inmediato de la presencia militar y de las actividades de ejercicios en el Ártico y el Atlántico Norte. “En un entorno de seguridad donde nadie puede predecir lo que ocurrirá mañana, es esencial reforzar nuestra capacidad operativa junto a nuestros aliados”, declaró Poulsen. El despliegue incluirá aviones, buques y soldados, con contribuciones de otros miembros de la OTAN, aunque cada país anunciará sus aportes de forma independiente.
Europa responde a la presión estadounidense
El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, informó que oficiales de las Fuerzas Armadas suecas ya han llegado a Groenlandia como parte de un grupo multinacional que prepara las actividades del ejercicio danés Operation Arctic Endurance. Por su parte, Noruega enviará personal militar para explorar nuevas formas de cooperación con los aliados, según confirmó su ministro de Defensa, Tore O. Sandvik.
Estos anuncios se producen horas después de una reunión en la Casa Blanca entre una delegación danesa-groenlandesa y altos funcionarios estadounidenses, incluyendo al vicepresidente J.D. Vance y al secretario de Estado Marco Rubio. El ministro danés de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, calificó el encuentro como “franco pero constructivo”, aunque reconoció que persiste un “desacuerdo fundamental” sobre el futuro de Groenlandia. “Estamos de acuerdo en discrepar”, resumió Rasmussen, tras constatar que las posturas entre Washington, Copenhague y Nuuk siguen distantes.
El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, enfatizó que la protección de Groenlandia no requiere una presencia masiva de tropas —dada la enorme extensión de la isla y su escasa población—, sino una estrategia centrada en vigilancia, reconocimiento y ejercicios regulares. “Se trata de patrullar, observar lo que ocurre bajo el agua, sobre el agua y en el aire, y demostrar que estamos allí”, afirmó Pistorius, quien subrayó que la seguridad del Ártico es un interés estratégico para toda la OTAN y para Europa.
El respaldo a esta iniciativa es amplio en Alemania: una encuesta del instituto Forsa revela que el 62 % de los ciudadanos apoyaría una intervención militar en caso de emergencia si Dinamarca invocara el apoyo aliado.
En paralelo, Francia anunció la apertura de un consulado en Groenlandia para el próximo 6 de febrero, una medida que refuerza la presencia diplomática europea en la zona y responde al contexto de tensiones marcado por el interés estadounidense en la isla.
Estos despliegues, enmarcados en ejercicios como Operation Arctic Endurance, buscan demostrar la capacidad de los aliados europeos para operar en condiciones extremas del Ártico, fortalecer el flanco norte de la OTAN y enviar un mensaje claro de unidad frente a las presiones externas. La región, cada vez más accesible por el deshielo, se consolida como un tablero clave en la competencia geopolítica global.