Washington, D.C.- Los procesos electorales más recientes en Sudamérica experimentan una profunda recomposición política impulsada por la denominada doctrina Donroe, una estrategia de Washington que promueve la pacificación de América Latina mediante la fuerza. Esta directriz ha profundizado la polarización entre las corrientes progresistas y los sectores conservadores, quienes avanzan con una agenda alineada de forma directa a la administración del presidente estadounidense Donald Trump.
El fenómeno cobró fuerza tras las primeras vueltas presidenciales en Perú y Colombia, donde los aspirantes de la derecha se adjudicaron los primeros lugares en las urnas con el objetivo explícito de Washington de recuperar a sus socios históricos, contrarrestar la hegemonía comercial de China y frenar la influencia de otras potencias emergentes en el Pacífico sur.
En el escenario peruano, que enfrenta los comicios definitorios este domingo tras un periodo de marcada inestabilidad institucional, la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, encabeza la sintonía con los postulados de la Casa Blanca. La aspirante ha respaldado públicamente la política norteamericana y la gestión de figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio, destacando la relevancia de la coalición militar multinacional Escudo de las Américas para combatir el crimen organizado y el narcoterrorismo a través del intercambio de inteligencia regional. En materia interna, las promesas de Fujimori se centran en un esquema de seguridad denominado Perú con Orden, el cual contempla la expulsión inmediata de inmigrantes irregulares con antecedentes delictivos y el blindaje de las fronteras mediante el despliegue de drones y efectivos militares.
Intervención en puertos estratégicos
La disputa por el control de la infraestructura comercial constituye uno de los ejes centrales de la contienda peruana. La administración de Donald Trump promueve una intervención directa en la Base Naval del Callao para su modernización y diseño operativo. Este proyecto gubernamental compartirá la costa central de la nación andina con el megapuerto de Chancay, un complejo portuario desarrollado con capitales de origen chino y ubicado a solo 80 kilómetros de distancia, lo que escenifica una intensa competencia económica y militar entre ambas superpotencias por la hegemonía de las rutas marítimas en el hemisferio.
Por su parte, el panorama político de Colombia registra una dinámica de confrontación discursiva similar tras el triunfo en primera vuelta del abogado conservador Abelardo de la Espriella. El aspirante de 47 años, apodado El Tigre, recibió el respaldo total de Trump a través de sus plataformas digitales oficiales, un gesto que De la Espriella agradeció públicamente en redes sociales reafirmando su intención de replicar el modelo político republicano.
Con este movimiento, Washington busca reincorporar a su principal aliado histórico en Sudamérica tras el distanciamiento sostenido con la actual administración de izquierda, mientras que el candidato contrapone una agenda de mano dura basada en la derogación de la ley de paz total y la edificación de una decena de megacárceles operadas bajo los estándares de control implementados en El Salvador.



