La Habana, Cuba.- El gobierno cubano confirmó este viernes que mantiene conversaciones con la administración de Donald Trump para buscar soluciones a las diferencias bilaterales, en medio de una grave crisis energética que ha dejado al país al borde del colapso por la falta de combustible.
El presidente Miguel Díaz-Canel anunció la noticia en un discurso transmitido por los medios estatales, donde reconoció por primera vez los contactos que ya habían sido filtrados en medios estadounidenses. “Estas conversaciones han estado orientadas a buscar soluciones, por la vía del diálogo, a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones”, afirmó Díaz-Canel.
El mandatario cubano destacó que los intercambios, en fases iniciales, buscan también “determinar la disposición de ambas partes de concretar acciones en beneficio de los pueblos de ambos países”. Sin embargo, advirtió que el proceso será largo y que aún están lejos de acuerdos concretos, ya que se limitan a construir agendas y entrar en negociaciones preliminares.
La revelación llega en un momento crítico para la isla, que no recibe petróleo de Venezuela —su principal proveedor histórico— desde hace tres meses, tras la intervención estadounidense en ese país que resultó en el derrocamiento de su gobierno y el control de la industria petrolera por parte de Washington. Trump ha intensificado la presión con amenazas de aranceles severos a cualquier nación que envíe combustible a Cuba, lo que ha obligado a La Habana a recortar drásticamente el transporte público, cirugías electivas y otros servicios dependientes de diésel.
Expertos estiman que, dada la dependencia cubana del 60 % de petróleo importado, las reservas podrían agotarse este mismo mes, agravando los apagones crónicos y la escasez generalizada.
Trump, por su parte, ha reiterado en varias ocasiones que Cuba está “al final de la línea”, sin dinero ni petróleo, y ha insinuado que un acuerdo es inminente. En un acto reciente en la Casa Blanca, junto a figuras del exilio cubano como Jorge Mas, copropietario del Inter Miami, el presidente estadounidense sugirió una posible relajación de restricciones de viaje y afirmó que La Habana “tiene tantas ganas de hacer un trato”.
Cualquier pacto significativo, según analistas, requeriría del lado cubano la liberación de presos políticos, el fin de la represión a la disidencia, la autorización de organizaciones políticas independientes, la legalización de partidos distintos al comunista y el restablecimiento de libertades civiles básicas como la expresión y la prensa.
En un gesto previo, el gobierno cubano anunció el jueves la excarcelación próxima de 51 presos, aunque no se ha vinculado explícitamente a las negociaciones.
Ted Henken, experto en Cuba del Baruch College, subrayó que el punto clave será si el diálogo incluye cambios políticos, sociales y cívicos profundos. Por ahora, el anuncio cubano se interpreta como un intento desesperado del régimen por aliviar la asfixia económica y ganar tiempo ante la ofensiva de Trump.