La neutralización de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, no fue un evento fortuito, sino el resultado de una sofisticada operación de inteligencia que combinó el rastreo de sus vínculos afectivos con tecnología de punta proporcionada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos. Según revelaron fuentes oficiales este lunes, la información de la agencia estadounidense fue calificada como «decisiva» para que las fuerzas especiales mexicanas lograran ubicar el refugio del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Tapalpa, Jalisco.
El general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, detalló que el seguimiento comenzó con la identificación de un colaborador cercano a una de las parejas sentimentales del capo. Este individuo trasladó a la mujer a una zona boscosa para un encuentro privado con Oseguera Cervantes el pasado sábado. Si bien la inteligencia militar mexicana realizó el seguimiento de campo, el general reconoció que utilizaron «información complementaria» de agencias de Washington para mapear con precisión la red de contactos y movimientos del objetivo.
Por su parte, funcionarios estadounidenses confirmaron que la CIA empleó diversos métodos para cerrar el cerco sobre el narcotraficante más buscado del mundo. Entre estas herramientas destacaron la intercepción de comunicaciones en tiempo real, el uso de imágenes aéreas de alta resolución y el despliegue de aviones no tripulados (drones) que realizaron vuelos encubiertos sobre territorio mexicano. Esta colaboración se gestionó estratégicamente a través de un grupo de intercambio de inteligencia con sede en Fort Huachuca, Arizona, donde más de 300 especialistas analizan la logística y las finanzas de los cárteles.
El operativo terrestre, ejecutado por el Comando de Fuerzas Especiales y la Guardia Nacional, derivó en un enfrentamiento el domingo 22 de febrero. Tras intentar huir entre la maleza, El Mencho resultó herido y falleció mientras era trasladado vía aérea para recibir atención médica.
Este golpe estratégico ocurre en un momento de alta tensión diplomática, donde el gobierno de México busca demostrar su capacidad operativa independiente frente a las presiones de la administración de Donald Trump, que ha sugerido ataques unilaterales con drones o incursiones directas en suelo mexicano. Con este resultado, las autoridades mexicanas argumentan que la cooperación en inteligencia es suficiente para desarticular a los grandes grupos criminales sin necesidad de intervenciones militares extranjeras en su territorio.