Phoenix, Arizona.- El tráfico de armas desde Estados Unidos hacia los cárteles mexicanos ha experimentado un aumento significativo en los últimos meses, impulsado por la presión del gobierno de Donald Trump sobre México para combatir el crimen organizado.
Un joven de 17 años, residente en Phoenix, Arizona, y hijo de un líder de una célula del Cártel de Sinaloa, coordina desde una habitación de hotel el envío de hasta 200 armas de fuego por semana hacia México. Utiliza su celular para revisar ofertas en WhatsApp, atender pedidos y despachar en tiempo real rifles Kalashnikov, AR-15 y munición abundante. Aunque aún cursa el bachillerato, ha duplicado el volumen de envíos desde el regreso de Trump a la presidencia, según relató a The New York Times bajo condición de anonimato.
Los traficantes consultados —siete en total, dos en Arizona y cinco en Sinaloa— describen un flujo récord de armas que abastece al Cártel de Sinaloa en medio de una guerra interna y externa. La demanda se ha disparado por los enfrentamientos contra facciones rivales, el gobierno mexicano y la amenaza de intervención estadounidense. Las armas se compran legalmente en ferias, armerías o ventas privadas en Arizona —donde el 62% de las armas rastreadas en México entre 2023 y 2024 se originaron—, y se contrabandean desmontadas en vehículos, aviones privados o lanchas rápidas.
Autoridades mexicanas estiman hasta 500,000 armas ingresadas ilegalmente cada año desde Estados Unidos, cifra que un exagente de la ATF eleva a un millón. A pesar de esfuerzos como el grupo de trabajo federal creado en 2020 —que incautó más de 4.300 armas en 14 meses—, el tráfico persiste gracias a la porosidad de la frontera sur y a la prioridad de los controles en dirección norte.
En México, el gobierno de Claudia Sheinbaum ha intensificado operativos, con decomisos y arrestos, pero insiste en que Estados Unidos debe frenar el flujo de armas en su territorio. El secretario de Seguridad, Omar Harfuch, ha señalado que el 80% de las armas incautadas provienen de allá y equipan a cárteles con lanzagranadas y rifles de asalto.
Los contrabandistas adaptan métodos: recurren a sobornos en tiendas, grupos privados en redes sociales y rutas aéreas ante mayor vigilancia terrestre. Un operador de 28 años en Sinaloa describió limpiezas y modificaciones de armas recibidas en lotes de cientos, mientras otro de 40 años, ligado a los Chapitos, mueve 240 piezas mensuales y destaca la prioridad estratégica de las armas sobre las drogas en el contexto bélico actual.
Expertos advierten que las redes de tráfico de armas son más estructuradas y resistentes que las de drogas, y que sin mayor inversión en su interrupción, los cárteles mantienen su capacidad de fuego.